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Archive for 27/05/11

Fuente: La Nación

Tenía casi seis meses y, por lo tanto, mi conciencia de lo que ocurría alrededor era bastante rudimentaria. Pero a unos 14 kilómetros de allí se ponía en marcha una máquina sobre la que, muchos años después, escribiría este artículo.

Se puede decir, con toda justicia, que Clementina, cuya denominación formal era Mercury, obra de la empresa inglesa Ferranti, fue la primera computadora científica instalada en el país. En su momento fue un instrumento de cálculo ferozmente veloz. En tan sólo 180 microsegundos era capaz de sumar o restar dos números de coma flotante. Volveré sobre estas cifras en un minuto, pero antes déjeme decirle que Clementina fue en realidad, para muchos de nosotros, una máquina del tiempo. Visionarios, Alberto González Domínguez, Manuel Sadosky y Simón Altmann fueron pioneros en situar a la Argentina en un salto al futuro cuyos frutos vivimos hoy como algo cotidiano. Un salto, también, que la historia de nuestro país se ocupó de cercenar.

El 15 de mayo de 1961 Clementina se puso en marcha en el Pabellón I de la Ciudad Universitaria, que por entonces estaba en construcción.

Cincuenta años después, el martes último estuve en el Pabellón I para moderar una charla sobre los desafíos que enfrentan las empresas de tecnología en la Argentina. Fue una experiencia extraordinaria de la que participaron el director del Departamento de Computación de la Facultad de Exactas de la UBA, Sebastián Uchitel, y los ejecutivos Daniel Rabinovich, (MercadoLibre), Osvaldo Torasso (Globant), Mariano Suárez Battan (fundador de Three Melons, hoy en manos de Disney), Diego Alonso (Guía Oleo) y Fabián de la Rúa (Toing y Blaving). Digo extraordinaria porque hubo diálogo, diálogo de verdad y no de sordos, entre dos grupos tradicionalmente separados de la sociedad: los investigadores y los empresarios.

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