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Fuente: Página/12

Academia e industria

Universidades y pymes de todo el país aunaron esfuerzos para desarrollar una computadora industrial local. Lograron así un producto fruto de ese matrimonio entre academia e industria.

Por Esteban Magnani

Uno de los mayores desafíos para los países que buscan desarrollarse es ver cómo reducir la brecha tecnológica respecto de las potencias. El grueso del desarrollo técnico reside en un puñado de países que venden su conocimiento en paquetes cerrados y así logran apropiarse de parte de las ganancias que generan para, a su vez, financiar las nuevas investigaciones que les permitirán mantener el liderazgo y así retroalimentar el círculo vicioso (o virtuoso, según desde dónde se mire). Así las cosas, el desarrollo económico parece condenado a comprar conocimiento y así reforzar la sangría económica, la dependencia tecnológica y, por lo tanto, favorecer el fracaso del impulso inicial. ¿Cómo sortear estos obstáculos que parecen imbatibles? ¿Existen modelos capaces de revertir ese sino tecnológico? Cada vez son más quienes visualizan en el conocimiento libre las bases de una matriz productiva que no solo permita desarrollo independiente sino que también, socialice la tecnología para evitar una apropiación que reproduce la desigualdad.

Esta problemática fue visualizada por un equipo multidisciplinario que involucra a universidades y pymes de todo el país, cuyo objetivo era diseñar una computadora industrial que se fabricara en Argentina. El diagnóstico era claro: numerosas empresas podían beneficiarse de la automatización de procesos industriales o de la incorporación de tecnología electrónica en sus productos, pero carecían del dinero para adquirir tecnología propietaria o el conocimiento para implementarla. Así idearon una respuesta que fuera más allá de producir una herramienta y ofrecerla. El coordinador general del proyecto, Ariel Lutenberg, investigador del Conicet y director del Laboratorio de Sistemas Embebidos de la Facultad de Ingeniería (UBA), explicó a Cash que “cuando pensamos en desarrollar una computadora industrial calculamos que el proyecto costaría cerca de 500.000 pesos y necesitaríamos al menos seis personas muy especializadas de tiempo completo”. Esta forma de investigación implicaba encontrar un subsidio, gente adecuada decidida a dejar su trabajo para encarar el proyecto, además de difundir el resultado para garantizarle éxito en el mercado. Así fue que decidieron cambiar el formato del proyecto y armar un equipo más amplio, federal, formado por universidades, instituciones del Estado y pymes de todo el país, donde cada uno aportara su mejor conocimiento especializado.

“El resultado fue impresionante. Teníamos a gente que sabía mucho de cada uno de los aspectos que implica el desarrollo de una computadora industrial y de esta manera siempre se lograba una propuesta superadora, de la que surgían otras propuestas.” Lo más interesante de este desarrollo es que, a contrapelo de lo que ocurre habitualmente con los equipos de investigación que buscan patentar y cercar su investigación para obtener una renta futura de él, en este caso se optó por utilizar una licencia abierta que permite a empresas nacionales utilizar, fabricar o modificar la computadora casi sin restricciones.

Así fue que se avanzó en la Computadora Industrial Abierta Argentina. La forma en la que se desarrolló tiene no pocos impactos. El más importante es probablemente que un usuario de este sistema no queda atado a un solo proveedor, como suele ocurrir al comprar tecnología en el mercado. Gracias a que los planos y detalles técnicos están publicados en la web en http://www.proyecto-ciaa.com.ar, como ocurre con los desarrollos de hardware libre, se puede contratar a cualquier equipo con conocimiento para implementarlo, adaptarlo o modificarlo, algo facilitado también por la participación de universidades de todo el país en el desarrollo. Existe además una lista de correo donde la comunidad de investigadores intercambia opiniones. Es decir que el know-how ya está instalado en instituciones de todo el país y quien desee utilizar la CIAA podrá asociarse para aprovechar ese recurso sin tener que capacitar gente desde cero o contratar el servicio a un tercero privado.

La placa base se fabrica en Argentina, pero los circuitos integrados y los componentes electrónicos son importados. “Decidimos que la CIAA debía andar con cualquier tipo de partes para que uno no quedara atado a un solo proveedor. Hay empresas que tenían problemas por depender de uno solo y de esta manera pueden tener mucha más libertad respecto de extranjeros, lo que implica también mejores condiciones de negociación para el productor”, explica Lutenberg. La computadora en sí es muy versátil y permite conectar sensores, actuadores y todo tipo de controladores en general para manejar sistemas industriales automáticos, desde dosaje de semillas en el campo hasta el manejo de inyectoras en la industria metalúrgica o plástica. Para quienes conocen otras experiencias de hardware libre, esta placa es notablemente más potente, resistente y robusta que un Arduino. El software y el firmware que utiliza también son abiertos y libres. “Las primeras placas ya se están fabricando en Assisi SRL, pero hay más empresas listas para iniciar la producción. Son bastante económicas, cerca de unos 400 dólares la unidad, aunque si se compran por cantidad el precio baja. Además va a haber una opción económica de unos 50 dólares para estudiantes que quieran participar y encontrarle más utilidades”, se entusiasma Lutenberg.

La CIAA se presentará el 13 de agosto en el Simposio Argentino de Sistemas Embebidos, en la Facultad de Ingeniería de la UBA. Allí estarán representantes del Ministerio de Industria, la Cámara de Industrias Electrónicas, Electromecánicas y Luminotécnicas (Cadieel), la UBA, la UTN-FRBA, la UNER, la UNS, el INTI, y muchos más actores que contribuyeron para lograr un producto de ese matrimonio entre academia e industria.

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Fuente: Barrapunto

Un_notas nos cuenta: «La prensa destaca que Tesla, el fabricante norteamericano de automóviles eléctricos, libera el código de sus patentes con el objetivo aprovechar sinergias con sus competidores. Que la competencia vea reducidos sus costes puede incentivar sus inversiones y a larga conseguir reducir costes para Tesla y sus consumidores. El CEO Elon Musk explica la decisión en la entrada All our patents are belong you. Estas decisiones tienen aspectos comunes con las teorías sobre clústeres industriales de Porter, no es sorprendente viniendo de una empresa que siempre ha querido innovar la industria automovilística inspirándose en el éxito de SiliconValley. Sus usuarios suman una razón más para estar orgullosos de comprar sus vehículos.»

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Facebook rechazó la solicitud de empleo a uno de los dos autores de WhatsApp antes de que crearan este sistema informático, para luego comprarles el mismo por esta enorme suma. La pregunta que subyace es la del título de este artículo: ¿porqué no lo hicieron con sus empleados? ¿porqué no detectan a los talentos? ¿no sería un mejor negocio?.

El obstáculo está en el modo de organización y sus valores. Empresas y universidades predican las bondades de innovar, pero se organizan de manera tal que bloquean las posibilidades de lograrlo, debido a su apego al paradigma industrial.

Las historias detrás de los fundadores de WhatsApp

Fuente: La Nación

El ucraniano Jan Koum emigró a Estados Unidos y después abandonó sus estudios universitarios, mientras que Brian Acton había sido rechazado en una entrevista de trabajo para Facebook.

Antes de la multimillonaria adquisición de Facebook , WhatsApp ya tenía su lugar reservado en el podio de los servicios de mensajería móvil más utilizados en todo el mundo. Sin embargo, poco se sabía de sus reservados cofundadores, Brian Acton y Jan Koum, que cruzaron sus destinos siendo ex empleados de Yahoo! hasta 2007, para luego lanzar su propia compañía dos años más tarde.

Recién a comienzos de 2013, Koum empezó a liderar la exposición pública que estaba teniendo WhatsApp ante el crecimiento explosivo de la plataforma. ” Somos tan grandes como Twitter “, dijo el ejecutivo durante la conferencia All Things Digital, al anunciar que contaba con más de 200 millones de usuarios. Un año más tarde, el servicio de mensajería móvil desarrollado por un equipo de menos de 50 personas ya contabilizaba unos 450 millones de usuarios, a un ritmo de un millón al día, hasta que lo adquirió Facebook por 19.000 millones de dólares.

Con 37 años, Koum es un inmigrante que llegó a Estados Unidos a los 16 años junto a su madre, debido a los problemas económicos y políticos de la ex república soviética. Luego de terminar sus estudios, ingresó a la Universidad de San José y trabajó para la consultora Ernest & Young como tester de seguridad informática. Allí lo conoció a Brian Acton en 1997, el empleado número 44 de Yahoo!, que lo contrató como ingeniero de infraestructura.

A las dos semanas de haber ingresado a Yahoo!, uno de los servidores de la compañía falló, y el mismo cofundador David Filo lo llamó en medio de una clase para que fuera a resolver el incidente. En ese momento decidió abandonar la universidad. “Igual ya estaba cansado de ese ambiente”, dijo Koum, en un detallado perfil publicado por Forbes .

Tras varios años de trabajar juntos, Koum abandonó Yahoo! junto a su mentor Brian Acton y se tomaron un período sabático paras recuperar energías, que se prolongó hasta 2009. En aquel entonces, con la experiencia acumulada en Yahoo!, Acton intentó postularse en dos de las compañías más prometedoras de Silicon Valley.

“Me rechazaron en Twitter. No hay problema, igual quedaba lejos de mi casa”, tuiteó Acton desde su cuenta personal. Meses más tarde, intentó postularse junto a Koum en una convocatoria de la compañía liderada por Mark Zuckerberg, pero no quedaron en la selección. “Era una gran posibilidad para estar conectado con un equipo fantástico. Hay que mirar para adelante”, volvió a publicar en su perfil de Twitter.

Como parte del equipo de los rechazados de Facebook, como solía decir Acton, la dupla comenzó a desarrollar una aplicación de mensajería para el iPhone, en momentos en que la tienda de Apple comenzaba a ser un terreno fértil para una creciente comunidad de desarrolladores.

A diferencia del BlackBerry Messenger, uno de los líderes del segmento, WhatsApp basaba su servicio bajo una modalidad muy simple: la libreta de contactos telefónicos. El servicio rápidamente se extendió de boca en boca, con un equipo técnico que carecía de un responsable de relaciones públicas , pero que creció al calor de los buenos comentarios de los usuarios, que motivaron a sus creadores a lanzar las versiones para múltiples plataformas: BlackBerry OS, Nokia Symbian y Android.

Con peso propio en el mundo de la mensajería móvil, WhatsApp comenzó a ser señalado como el responsable del retroceso de los mensajes de texto. “No creo en esto. La filosofía del SMS forma la base de nuestro producto, y no creemos que será desplazado. Queremos ofrecer una alternativa que la gente pueda usar para comunicarse de forma eficaz, y que al mismo tiempo pueda ahorrar dinero y tiempo”, dijo Koum al ser consultado por LA NACION en 2011.

El resto es historia conocida: cinco años más tarde y con más de 450 millones de usuarios en WhatsApp, el club de los rechazados finalmente entró por la puerta grande de Facebook, que adquirió la compañía por 19.000 millones de dólares después de un cortejo que duró casi dos años, y que incluyó un encuentro inicial de Zuckerberg y Koum en una panadería, una amistad cimentada ( según cuenta Bloomberg ) en cenas y caminatas por la montaña con sus familias, y una venta que se selló de palabra el día de San Valentín.

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Fuente: Alt1040

No toda la red se reduce a Facebook, Twitter, y unos cuantos medios. Aunque no sean demasiado famosas, hay muchas páginas web que pueden resultar muy útiles en momentos determinados, tanto para el ocio como para la productividad.

  • Easel.ly: Muy bueno para crear infografías online. Muchas plantillas donde elegir, y una mecánica basada en el drag & drop a la que quizás cueste un poco adaptarse. Además, guarda nuestros archivos en su propia nube, por lo que podemos interrumpir el trabajo y retomarlo después. La contrapartida es que a la hora de exportarlos sólo permite hacerlo en jpeg, se echa de menos la opción directa en PDF. Así y todo, una de las webs útiles para salirse de los informes antiestéticos.
  • Modo TV de YouTube: El espectacular modo de YouTube para cuando conectemos el ordenador a la TV. Scroll infinito para navegar por categorías y una interfaz muy agradable, y sobre todo, la posibilidad de conectar nuestro smartphone o tablet a través de ajustes para emparejarlos. El fondo desenfocado siempre aporta elegancia, y en YouTube lo saben.
  • Similar Sites: Básicamente sirve para encontrar webs similares en cuanto a temática a una que introduzcamos. El funcionamiento no puede ser más sencillo: introducimos el nombre de una web en el cajón de búsqueda, y aparece una lista descendente de webs similares según el porcentaje de relación. He hecho unas cuantas pruebas con webs de diferente temática, y lo cierto es que lo clava bastante.
  • Online OCR: Si alguna vez te diste cabezazos contra la mesa por tener que transcribir un texto ya impreso, no te los volverás a dar gracias a esta web. Permite subir textos escaneados o fotografiados, y su sistema lo detectará (tiene 32 idiomas de reconocimiento), y nos lo devolverá en HTML, Word, Excel, texto plano, etc. No hace falta ni que nos registremos para empezar a usarlo, aunque en ese caso tiene la limitación de 15 páginas por hora, más que suficiente para muchos casos.
  • Bounce: Cuando necesitemos hacer una captura completa de una página web, Bounce es nuestro servicio. También con una interfaz clara y limpia, sólo hemos de introducir la web a capturar, y esperar a que la pelota roja deje de botar… Entonces ya podremos seleccionar el fragmento o la totalidad de la imagen a guardar, sobre la cual podremos escribir notas superpuestas con hacer click.
  • I Want My Name: Cuando necesitemos comprobar si un dominio está libre, I Want My Name nos lo muestra de forma clara y limpia, y además con muchísimas extensiones a la vez. Si además queremos adquirirlo, nos aparece el precio en dólares y la posibilidad de comprarlo desde la propia web. Not bad.
  • Screenr: Para grabar nuestra actividad en pantalla, tanto para Mac como para PC, sin necesidad de descargar ningún software, funciona online. Su limitación es que no permite grabar vídeos de más de 5 minutos, suficiente para muchos casos. Para ir más allá, hay opciones de pago.
  • Font Squirrel: Para los amantes de las tipografías. Font Squirrel pone a nuestra disposición muchísimas, bien clasificadas, con una presentación limpia, y además todas ellas son gratuitas. El diseño de la web es excelente y no está nada sobrecargado, un rara avis en las webs que ofrecen tipografías.
  • Office Templates: Una sección de la web oficial de Microsoft Office para descargar plantillas para Excel, Word, PowerPoint… Básicamente, una forma de conseguir documentos más visuales y hermosos sin apenas esfuerzo. Una de mis herramientas favoritas, las plantillas, que en el caso de las que vienen preinstaladas con Office son algo mediocres.
  • Copy Paste Character: Hay muchas herramientas y formas de conseguir caracteres de los que no aparecen en nuestro teclado, pero una web creada específicamente para ello es quizás la mejor opción. Simplemente hemos de pulsar uno de ellos y copiar. Por defecto aparece una recopilación básica, pero se pueden explorar varias categorías para obtener nuevas. Eso sí, no la utilices para hacer ilegibles tus mensajes o tus usernames, por favor.
  • Join: De los creadores de LogMeIn, Join sigue una línea similar, pero más social; permite compartir lo mostrado en nuestra pantalla con otros usuarios, como hace por ejemplo Google+ en sus hangouts. Una de las webs útiles para quienes necesitan hacer tutoriales en directo, por ejemplo. La diferencia es que Join ni siquiera pide un registro previo, sino que funciona a través de emparejamientos mediante la inserción del mismo código.
  • Stock.xchng: Tras este peculiar nombre está quizás el mejor servicio para descargar imágenes de stock de forma gratuita. Al contrario que en muchos otros lugares, donde las imágenes son de pago (y las gratuitas vienen con enormes marcas de agua), en esta web todas son gratuitas y sin marca alguna. Eso sí, la estructura y el diseño de la web no son las mejores, y navegar a través de las categorías no es tan rápido como sería deseable.

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Fuente: SourceForge.net

Proyectos del mes:

Staff Choice Apache OpenOffice.org Templates
Over 2000 Templates ready to use with Apache OpenOffice

Community Choice Free Pascal Compiler
Free 32/64/16-bit multi-platform Pascal and Object Pascal compiler

Seleccionados por el editor:
Apache OpenOffice
Apache OpenOffice, the Free and Open Source Productivity SuiteFileZilla
The free FTP solution

Seleccionados por este blog:
Kiwix
Wikipedia offline & more
Anuncio

La plataforma de SourceForge cambia de nombre: Apache Allura.

 

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Fuente: La Nación

Es una pantalla de tinta electrónica de 13,3 pulgadas; permite ver hojas carta a tamaño completo; leer archivos, editarlos y hacer anotaciones; está pensada para profesionales.

La tinta electrónica se usa hace años, sobre todo en los lectores de libros electrónicos, por sus dos grandes virtudes: consume muy poca energía y tiene una excelente visibilidad con cualquier tipo de luz sin cansar los ojos (es lo más parecido al papel convencional disponible hoy).

Sony presentó su Digital Paper, una pantalla de tinta electrónica de 13,3 pulgadas. No está pensado como un libro electrónico (aunque puede servir para ello) sino como una herramienta para reducir el papeleo en una oficina.

Gracias a su tamaño permite ver una hoja impresa en tamaño real (si está convertida en un PDF, claro), realizar anotaciones, editar el texto, resaltar partes, compartirla con otros miembros de la empresa y demás.

Es delgado (6,8 mm), pesa 350 gramos, tiene una pantalla del tamaño de una hoja carta (y 1600 x 1200 pixeles), sensible al tacto para usar la lapicera que permite anotar el texto. Tiene Wi-Fi, puede almacenar 2800 archivos con la memoria interna y según la compañía tiene una autonomía de tres semanas de uso.

Tiene, claro, un detalle: su precio inicial es de 1100 dólares en Estados Unidos..

Sugerimos ver el artículo original (con ilustraciones) en La Nación

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Fuente: el diario.es

Desde 1971 a 1973, un equipo de profesionales chilenos, comandados por el británico Stafford Beer, desarrolló un sistema tecnológico para poder administrar -a tiempo real- las industrias estatales del país sudamericano. Con recursos escasos y creatividad ilimitada, en poco menos de un año el reducido equipo de ingenieros, diseñadores e informáticos fueron capaces de crear el prototipo que no existía en ningún otro lugar del mundo ni mucho menos a escala nacional: el proyecto Cybersyn o SYNCO, en español.

“Revolucionarios Cibernéticos. Tecnología y política en el Chile de Salvador Allende”, fue escrito por la académica americana Eden Medina mientras desarrollaba su tesis doctoral en el MIT y acaba de ser publicado en español por la editorial chilena LOM. Con más de 50 entrevistas y mucho material de archivo, Medina consigue explicar este revolucionario capítulo de la tecnopolítica y el contexto que lo hizo posible.

Beer pretende implantar su teoría de El Modelo de los Sistemas Viables (VSM, según sus siglas en inglés): así como el cerebro toma la mayor parte de las decisiones importantes y no controla todo; un sistema viable debe estar compuesto por partes con un alto nivel de autonomía. Su idea era implantar un sistema nervioso electrónico en la sociedad chilena, donde todos sus componentes estuviesen conectados entre sí por una red de comunicación nacional. A largo plazo, esto ayudaría a la igualdad. Como lo describió The Guardian, “ era una suerte de internet socialista, décadas antes de su tiempo”.

Considerado uno de los padres de la cibernética y fuertemente influido por los biólogos chilenos Humberto Maturana y Francisco Varela, hacia 1970 Stafford Beer trabajaba como consultor internacional de alto vuelo y honorarios, conducía un Rolls Royce y vivía en una gran casa a las afueras de Londres. Sus ideas de cibernética organizacional nunca habían sido llevadas a la práctica hacia un nivel más extenso y por ello no vaciló al recibir la llamada de Fernando Flores, entonces un joven ingeniero del gobierno socialista, quien lo invitaba a aplicar sus teorías para organizar la economía estatal. “Tuve un orgasmo”, recordaría años después.

Aterrizó en 1971 en Santiago de Chile cobrando en dólares y demandando chocolates, whisky y otras excentricidades para un país que debía lidiar con escasez de alimentos y el mercado negro. Chile vivía la Unidad Popular con aquel incómodo presidente que se había convertido en el primer socialista democráticamente electo. El mismo que creía en la vía pacífica para hacer la revolución. El país estaba crispado políticamente y Estados Unidos intervenía a través de la CIA.

A pesar de la euforia inicial donde se creía hasta en lo imposible, dentro del gobierno se dieron cuenta que la ingente cantidad de minas y fábricas nacionalizadas era un desaguisado organizacional de poca eficiencia, con empresas que mantenían a sus gerentes originales y otras eran ocupadas por sus empleados.

Medina narra el encuentro entre el cibernetista y el presidente:

“Allende, con formación de patólogo, inmediatamente captó la inspiración biológica detrás de modelo cibernético de Beer y con conocimiento asintió a lo largo de la explicación. Esta reacción dejó una gran impresión en el cibernético. “Le expliqué todo el maldito plan y todo el Modelo de Sistema Viable de una sola vez; nunca he trabajado con nadie que comprendiera ni una pizca de lo que estaba diciendo.” Una vez que Allende ganó una familiaridad con la mecánica del modelo de Beer, comenzó a reforzar los aspectos políticos del proyecto e insistió en que el sistema se comportase de una “manera descentralizada, con participación de los obreros y antiburocrática”. Cuando Beer alcanzó finalmente el nivel superior de la jerarquía del sistema, el lugar en el modelo que Beer había reservado para Allende, el presidente se echó hacia atrás en su silla y dijo: “Por fin, el pueblo.”

La Habana y Moscú trabajaban desde hacía ya un tiempo en proyectos computacionales para controlar la economía. Pero la apuesta chilena era radicalmente diferente. En vez de dotar de más poder a las jerarquías políticas del Partido Comunista, aquí se perseguía empoderar a los obreros para la toma de decisiones. Si allí no lograba solucionarse el problema era derivado, como última instancia, a la Sala de Operaciones ubicada en la capital.

Ops Room

La Sala de Operaciones merece mención aparte. El diseño es sencillamente alucinante y su responsable fue el alemán Gui Bonsiepe, destacado miembro de la escuela de ULM (Alemania), principal deudora de la Bauhaus. Se usaron principios de la Gestalt para que la información llegara, se manejara y se entendiera de modo simple y profundo. Siete sillas giratorias dispuestas en un círculo dentro de un espacio hexagonal donde se desplegaban una pantalla llamada Futuro (donde se mostraba un simulador de la economía chilena), un esquema del VSM, pantallas de reportes de excepción en tiempo real y otra de Datafeed para la presentación de datos económicos actuales.

Muy pocos botones en el brazo de la silla demandaban un ejercicio de síntesis a los usuarios para poder manejar la información. En aquella época la mecanografía era una labor exclusiva de secretarias. Según Beer, había “que eliminar a la chica entre la máquina y el usuario”. Este hecho, para Medina, “es un recordatorio para los diseñadores de que las suposiciones de género y clase pueden afectar el diseño de un sistema tecnológico incluso cuando estamos diseñando algo para un futuro utópico”.

El proyecto Cybersyn (en inglés, sinergia cibernética), o SYNCO (en español, sistema de información y control), contaba de varias partes. Una de ellas y la que alcanzó mayores resultado fue Cibernet gracias, en parte, a que encontraron 500 máquinas de telex en una bodega militar. Con ellas pudieron desarrollar un sistema que conectara a todas las empresas nacionalizadas y poder monitorear su producción y problemas a tiempo real. Las empresas se comunicaban con la Sala de Operaciones y desde allí se conseguía saber el estado de la producción.

El proyecto CHECO (Chilean Economy) pretendía modelar y predecir el sistema económico con simuladores de comportamiento que se analizaban en la Sala de Operaciones. Para ello se usó un software originalmente desarrollado para El Club de Roma.

Otra parte del proyecto fue llamada Ciberfolk, que implementaría un dispositivo en todos los hogares para que la gente opinara su acuerdo o desacuerdo con las políticas del gobierno. Ciberfolk nunca se puso en práctica más allá de experimentaciones piloto.

Cibernética versus muerte

Para la autora, Cibersyn no fue un disparate. “Partes del proyecto fueron útiles para el gobierno. La construcción de una red de télex en todo el país fue determinante durante dos huelgas generales de camioneros que desabastecieron el país. Con este red, el gobierno pudo coordinarse con las fábricas y con los trabajadores, entregar suministros, buscar vías alternativas ya que los caminos estaban cortados. Si bien no fue él elemento, sí ayudo al gobierno a sobrevivir y sortear una crisis mayor”.

Pero no cree que, dentro del contexto de la Unidad Popular, hubiera sido efectivo el proyecto que imaginaron los diseñadores: “porque en parte hay una contradicción allí de cómo modelas o predices el comportamiento de un sistema, en este caso de un sistema económico, que no tiene presidente. Cómo modelas o predices el comportamiento de una economía cuando hay tantos factores que están fuera de ese sistema sin influenciar su comportamiento. Estamos hablando de mercado negro, de intervención de Estados Unidos. ¿Cómo registras eso en un predictor económico?”.

“Necesitas otorgar mucha educación a los trabajadores para implementar algo así”, continúa Medina. “Cuando ves estos hermosos planes donde el sistema iba a ser participativo y los trabajadores iban a modelar sus propias fábricas y estarían involucrados en el uso del sistema… Eso sí necesita mucha educación al trabajador. Y cuando ves todo lo que estaba ocurriendo en la realidad en los talleres y lo que estaban haciendo  los trabajadores como mantener las máquinas en funcionamiento, ingeniar maneras de administrar materias primas y suministros cuando no escaseaban. Hubiese sido mucho pedir que encima de todo este caos, hubiesen programas de entrenamiento y educación en sistemas computacionales de  modelamiento de fábricas. Y creo que Fernando Flores también tuvo un comentario muy perceptivo y es que “la cibernética es un valor limitado cuando alguien te quiere matar”.

Cibersyn no consiguió salir del nivel prototipo y revolucionar la economía chilena. El 11 de septiembre de 1973, tres día después de que Allende ordenase trasladar la Sala de Operaciones al Palacio de Gobierno, éste fue bombardeado por Hawker Hunters de la Fuerza Aérea.

Medina recuerda el encuentro de los golpistas con el proyecto: “Al entrar los militares a la sala, uno preguntó: “¿Esto están usado para el control del país?”. Y un trabajador le dio una respuesta muy cibernética: “A qué te refieres por control?”. Y la conversación no avanzó mucho”. Al poco tiempo, destruyeron todo lo hecho por el equipo de Beer.

Comenzaba la era de la derecha neoliberal, que bajo el alero de Pinochet también abrían la economía chilena para la experimentación, aplicando las teorías económicas de Milton Friedman.

Allende se suicidó el mismo día del golpe militar. Muchos integrantes del proyecto se exiliaron, algunos tras sufrir persecución política. Stafford Beer regresó a Inglaterra, vendió su casa y se mudó a una pequeña cabaña en Gales sin agua potable. Renunció a muchas de sus posesiones y comenzó a vivir una vida más sencilla. Su trabajo comenzó a enfocarse a asuntos más sociales. Empezó a escribir sobre pobreza, sobre cibernética y opresión, trabajos para usar la cibernética para resolver conflictos políticos, etc.. Chile fue un punto de inflexión profundo para él.

Su influencia ha sido reconocida por figuras como David Bowie, Brian Eno y sigue siendo materia de estudio en diversas escuelas de negocios.

Reseña del libro de Eden Medina por Matias Wolff:
Eden Medina. Revolucionarios cibernéticos. Tecnología y política en el Chile de Salvador Allende.

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