Hace poco leí un ensayo de un tal G. Pascal Zachary cuyo título es “El valor de los inadaptados en un mundo innovador” (publicado el 16-jun-2007 en el diario Clarín).

En líneas generales no coincido con sus apreciaciones, ya que no me parece que Bill Gates sea un ejemplo de inadaptación, sino todo lo contrario. Tampoco me parece creíble que el individualismo sea la herramienta clave para la creación de conocimiento (aunque sí podría serlo para apropiarse de los beneficios de los conocimientos construídos por otros).

Pero en algo tiene razón: si rendimos culto al conocimiento existente y por lo tanto lo tratamos como “intocable”, el resultado será un estancamiento de la innovación.

Para innovar es necesario, entre otras cosas, “faltarle el respeto” a lo ya conocido, dudar en lugar de aceptar, e incorporar al error en el proceso de aprendizaje. O sea que, como tales valores no son los predominantes, entonces adoptarlos supone cierta “inadaptación”.

También hay que despojarse de viejas costumbres, de esos fetichismos tecnológicos que sostienen negocios con falacias como “tal o cual es el mejor producto”. Hace años, se discutió en el Foro sobre qué hacer con las conclusiones de un estudio de distribuciones Linux que estaba en curso. La propuesta de “seleccionar la mejor distro” cayó rápidamente cuando percibimos que no respondía a la dinámica de la creatividad, y que la libertad debía aplicarse no sólo al los desarrolladores de productos, sino también a sus usuarios. En general, las comunidades del Software Libre adoptan criterios similares.

La aplicación de estos criterios requieren de más grados de libertad que los tradicionales: es el costo de la innovación. No está de más señalar que, en este contexto, el sentido de una mayor libertad es facilitar la creatividad y la innovación, un concepto que suele ser confundido.

Los sistemas burocráticos que pretenden mantener un fuerte control del conocimiento y la tecnología terminan arrasados por la innovación ¿recuerdan a la Unión Soviética?