Estoy intentando sistematizar tres experiencias ocurridas en diferentes ámbitos informáticos estatales, que comparten entre sí su énfasis sobre la dimensión social del conocimiento, como enfoque para obtener buenas prácticas con tecnología informática.

En esa tarea, me encuentro con estos excelentes materiales: el libro digital sobre la experiencia del sistema SIU-Guaraní, y dos artículos respecto al mismo: el primero de sus autores, y el segundo de Ester Kaufman, que considero conveniente compartir con ustedes:

Se ha publicado el libro Desarrollo informático colaborativo en el sistema universitario: la experiencia SIU-Guaraní, de Luján Gurmendi y Ricardo Williams. El libro, que está disponible en el sitio Web del SIU, documenta la experiencia de desarrollo del sistema de gestión de alumnos SIU-Guaraní desde sus inicios. A continuación, reproducimos el prólogo de la publicación.Si nos asomamos al ámbito de la gestión de alumnos del sistema universitario, encontraremos escenas que posiblemente eran impensables diez años atrás: decenas de usuarios administrativos de todas las Universidades Nacionales reunidos, consensuando las modificaciones que se harán en la próxima versión de un sistema; técnicos informáticos realizando desarrollos personalizados al sistema y compartiéndolos con pares de las otras universidades; usuarios y técnicos respondiendo dudas y consultas de colegas en otras zonas geográficas de la Argentina a través de listas de correo electrónicas; técnicos de todo el país buscando soluciones comunes y acordando estándares tecnológicos… Estas escenas cotidianas son las que impulsan la escritura de este libro.Este libro está motivado por el deseo de dar testimonio de un proyecto que desde muchas perspectivas puede considerarse exitoso, por el convencimiento de que es una experiencia valiosa en el Estado argentino, y por la necesidad de documentar esta construcción informática y social que en la actualidad se encuentra en un estadío de desarrollo y madurez.El proyecto SIU-Guaraní se inició con el planteo de una necesidad: desarrollar un sistema informático de gestión de alumnos que contemplara la complejidad y heterogeneidad del sistema universitario argentino. La propia naturaleza del problema condujo a una resolución inédita en este espacio: se puso en práctica una modalidad de trabajo colaborativo en red, involucrando a distintos actores de las universidades.Aunque se trata de un desarrollo informático, no se abordarán en detalle los aspectos técnicos del sistema, ya que el objetivo de este libro es hacer una reseña de la experiencia: la gestación y el desarrollo del proyecto, incluyendo una sintética descripción funcional, la filosofía y metodología de trabajo, los problemas encontrados en la implementación y las soluciones creadas para resolverlos. Es un libro destinado a aquellos que están cumpliendo distintos roles en la gestión de alumnos, desde los responsables de áreas de administración hasta los perfiles gerenciales, responsables de la toma de decisiones.Con respecto al alcance, dado que la experiencia se basa en un caso llevado a cabo en el ámbito universitario, los primeros interesados pueden ser aquellos comprometidos con la gestión universitaria en Argentina y en otros países de América Latina que comparten similares problemas y desafíos. Posiblemente el interés puede ampliarse a otros organismos estatales que se enfrentan a la necesidad de implementar un sistema de información en un escenario con múltiples actores e instituciones. Incluso puede proyectarse hacia otros países de América Latina, dada la cercanía no sólo geográfica sino cultural con la Argentina.Son pocos los casos de desarrollos colaborativos de proyectos informáticos. En general, no es un paradigma de trabajo muy desarrollado. Reseñar esta experiencia quizás permita abrir un espacio de reflexión en torno las posibilidades de desarrollarlo en otros ámbitos, los beneficios, la metodología de trabajo, la filosofía y el conjunto de valores que sustentan estas prácticas, las posibilidades de que sean asimiladas o replicadas en otros espacios y la forma en que puede colaborar en un cambio cultural profundo.Sin lugar a dudas, uno de los motivadores más fuertes de este proyecto ha sido la búsqueda de una forma de uso de la tecnología que ayude a valorizar y jerarquizar el trabajo cotidiano de las personas. Por este motivo, es imprescindible destacar que el desarrollo, la implementación, el mantenimiento y el crecimiento del SIU-Guaraní ha sido y continúa siendo posible gracias al entusiasmo, la participación y el compromiso de todas las personas involucradas, ya sean técnicos, personal administrativo, o autoridades universitarias. Este libro es también un reconocimiento a ese trabajo cotidiano y permanente dentro de la comunidad universitaria.

Este libro es una excelente muestra de lo trabajoso que es incorporar tecnología apuntando a su apropiación social. Y esto tiene su importancia. A medida que avanzamos en su lectura vemos cómo el SIU se va colocando en las antípodas de las prácticas imperantes, caracterizadas por la compra de tecnología sin un proyecto detallado y situado que sustente la adquisición, más allá de estar a “tono con la época”. Para aclarar “las antípodas” haremos algunas consideraciones previas.

El Estado es el mayor comprador de tecnología y lo que compra suele estar sobredeterminado por los organismos de financiamiento internacional, que vienen con alguna “vaca atada” ya que dicha vaca “sirve para…”. Es así como nos inundan de recetas super simplificadas, ausentes de contexto, que ellos identifican como “buenas prácticas”. ¿En qué consisten? En explicar, en pocas líneas, lo fabuloso que ha sido un proceso de incorporación de tecnología x, dándole a la experiencia validez universal. Así vemos trasladar desarrollos que han sido útiles en Chile a la lejana geografía de Nepal sin la menor inquietud sobre la pertinencia de la transferencia.

Las antípodas: Lo primero que nos viene en mente son las 600 páginas escritas por el Comité de desarrolladores del SIU-Guaraní, más las miles de páginas virtuales donde quedan documentadas las opiniones, los eventos, los requerimientos, las decisiones, transparentando estos procesos de creación y desarrollo de una manera consistente y clara. No sólo eso marca la diferencia. Encontramos otro punto, someramente explicado en el texto, que muestra cómo es posible transformar las habituales imposiciones de financiamiento para la compra de tecnología en apoyo financiero para el desarrollo propio. Nos encantaría tirar de ese hilo hasta encontrarnos con toda la madeja que dé cuenta cuál es el margen de negociación con estos organismos para escaparnos del síndrome “Nepal”. El SIU pudo negociar estos cambios con el Banco Mundial y eso le permitió iniciar un proceso de real “buena práctica” que es posible recorrer a través de sus múltiples formalizaciones. No sólo eso, pudieron plantear que querían garantizar la apropiación social de la tecnología mediante gestiones colaborativas, lo que suponía impulsar procesos de lo más diversos. Este fue el anuncio del futuro nacimiento del SIU-Guaraní.

Recorriendo las páginas podemos encontrar muchas cuestiones aleccionadoras, como el caminar despacio, pero con firmeza, sabiendo y explicitando a dónde se quiere ir. Luego, si el trabajo está bien hecho, vendrán los efectos multiplicadores en cascada, producto del convencimiento sobre experiencias iniciales realizadas trabajosamente (para el caso, en la Universidad de Córdoba y de Misiones). Estos efectos multiplicadores se generarán luego mediante la aceleración de la apropiación de múltiples actores que se incentivan unos a otros horizontalmente, desde un modelo que va replicando y transfiriéndose al interior de las universidades, al interior de las unidades académicas, entre universidades, entre unidades académicas, y con los distintos tipos de usuarios que están comprometidos en la gestión y uso del sistema.

Por otra parte nos enseña que los procesos de introducción de tecnología deben estar acompañados por la voluntad de la autoridad máxima, formalmente expresada, quien también debe elegir al líder del proyecto para esa universidad, que nunca trabajará solo. Estará con sus pares de otras universidades, pero también con su equipo interno donde un responsable técnico y un representante de los usuarios estén cubriendo las miradas múltiples que requiere un desarrollo pasible de apropiación social.

El SIU encontró en la metodología narrada una joya harto difícil de crear: la transformación de unidades aisladas y fragmentadas en lo interno, con fuertes tendencias al autocentramiento, en comunidades de práctica (tanto de desarrolladores como de usuarios del sistema). Esta transformación genera el nacimiento de algo que es esencial en la Sociedad de la Información: la morfología de redes y la gestión del conocimiento a través de ellas, en aras de una innovación socialmente producida. Lo que han mostrado es que esos inmensos aparatos burocráticos pueden ser también actores de su propio cambio cultural. Nada menos sencillo.

El SIU parece haber encontrado en alguna medida lo que sus destinatarios estaban necesitando, transformándolos en socios del mismo proceso de innovación, incorporando a las comunidades ligadas a la gestión de alumnos a aprendizajes recíprocos, donde pueden descubrir cuán comunes son sus desafíos, y cuánto ayuda la escucha recíproca.

Pensar nuestra incorporación a la Sociedad del Conocimiento en términos del desarrollo de tecnologías desde el conocimiento compartido, explicitado, en permanente modificación, es una manera de responder al desafío de estos tiempo, con altura. Pareciera que el SIU está en ese camino. Con esa impresión nos vamos cuando damos vuelta la última página.