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Autor: Ricardo Pluss

Su nombre completo era Santiago Bernardo Villanueva, y desde la infancia tuvo por sobrenombre “el chino”.
Nos conocimos en 1974, trabajando en el Centro de Cálculo de la Universidad Tecnológica Nacional, en la calle Medrano (Buenos Aires).
A partir de allí desarrollamos una sólida y sincera amistad, que mantuvimos sin altibajos. Compartíamos muchos valores e inquietudes políticas, y también buenos momentos, como las inolvidables vacaciones en carpa con nuestras compañeras Silvana y Norma, en el remoto lago Ruca Choroi.
Ya en el ’78 era para mí un amigo en el sentido mas extremo de esa palabra, alguien en quien podía confiar cualquier problema, habíamos construído esa confianza tácita que funciona en ambos sentidos.
Un aciago dia, cuya fecha extravié en las nebulosas de mi memoria, Santiago nos citó en un bar lácteo ubicado en Leandro Alem y Corrientes, para decirnos que él podía llegar a “desaparecer”. Luego de despedirnos, salímos con Silvana agobiados por una angustia infinita, con los pies de plomo, invadidos por la desesperanza y la impotencia.
Esa era su enorme dignidad, esa capacidad de pensar en los demás aún en las peores circunstancias, inimaginables. Ese era Santiago.
Lo ví por última vez el sábado 15 de julio de 1978, en mi cumpleaños.
Una patota de la dictadura militar lo secuestró el 26 de julio en su casa al regresar del Banco Ganadero, donde trabajaba. Estuvo detenido en el campo de concentración el Banco y luego en el Olimpo. Se cree que fue “transladado” el 6 de diciembre y su cuerpo fue hallado en la costa de Villa Gesell el 16 de diciembre de 1978 y enterrado como NN. En el año 2007, se informa a los medios que el Equipo Argentino de Antropología Forense identificó los restos de 9 personas, entre ellos los de Santiago, estableciendo que fueron asesinados en uno de los “vuelos de la muerte”. Eran militantes, estudiantes y trabajadores, todos secuestrados en 1978.

En la mañana de ayer, 14 de abril de 2008, familiares, compañeros y amigos de Santiago despedimos sus restos en el Cementerio de La Chacarita. Pasaron apenas 29 años.

Nota de Clarín

Nota de La Floresta