Fuente: consumer

Ars Electronica es el festival de arte y nuevas tecnologías más importante del mundo, y no sólo por ser el decano. Cada comienzo de septiembre, la crema y la nata de la cultura digital se acercan hasta Linz, una vetusta ciudad a orillas del Danubio, y celebra una semana frenética de exposiciones, conciertos y conferencias. El simposio de este año estaba dedicado a “Una nueva economía de la cultura: los límites de la propiedad intelectual”. Su comisario y moderador, Joichi Ito, es una auténtica personalidad de la Red, el primer miembro de la red social Orkut a quien expulsaron, literalmente, “por tener demasiados amigos”.

Su página de Wikipedia lo define como “empresario, activista y capitalista de riesgo”, y aunque en vidas anteriores fue disc-jockey y trabajó en la industria del cine, desde hace tiempo se dedica a proyectos de Internet. Fundó uno de los primeros proveedores comerciales de Internet en Japón, y más tarde su empresa de capital de riesgo Neoteny fue uno de los inversores de referencia de Six Apart, los creadores de las plataformas para blogs Movable Type, Typepad y Vox. En la actualidad Joichi “Joi” Ito se enfrenta al reto de llenar el hueco dejado en Creative Commons por la marcha de Laurence Lessig, que sólo dedica parte de su tiempo a la organización que fundó.

Una vez refinadas las licencias, Ito y Creative Commons proponen ahora convertirlas en parte de la infraestructura de la Red. De hecho, bajo la dirección de Ito, la idea es que Creative Commons se convierta en una especie de organización de estándares del copyright, creando los formatos tecnológicos por los que los creadores, el público, los buscadores, los gestores de derechos, los programadores de navegadores y todos los demás agentes de Internet se comuniquen entre sí qué derechos están disponibles sobre las obras, e incluso qué derechos están reservados.

  • Autor: Por JAVIER CANDEIRA ZUGAZA
  • Fecha de publicación: 2 de octubre de 2008

Laurence Lessig se ha retirado del día a día de Creative Commons (CC) y las licencias han tenido un gran éxito. Sin embargo existe una impresión, tanto dentro del proyecto como fuera, de que la actividad ahora se limita a asegurarse de apretar bien los tornillos para que las licencias no hagan ruidos raros, y que se ha alcanzado un nivel de vuelo estable. Para bien o para mal, ya no estamos subiendo, sino simplemente manteniendo la altura. ¿Es una percepción correcta?

“Hemos pasado del experimento entre gente interesada y dispuesta a enfrentarse a los problemas, al público que espera que las cosas funcionen a la primera”

Creo que es correcta. Yo vengo del mundo de la infraestructura. Fui el primer director de la primera empresa comercial de Internet en Japón, hice los primeros sitios web en mi país, recuerdo los comienzos de las redes comerciales TCP-IP, y recuerdo pasar de intentar que el correo simplemente funcionara a tener que preocuparnos por el spam. Así que creo que el ejemplo que me da es bueno: hemos pasado del experimento entre gente interesada, que está dispuesta a enfrentarse a los problemas, al público que espera que las cosas funcionen a la primera.

Ahora, llegados al punto en el que Google, Microsoft y Yahoo! están integrando las licencias Creative Commons, cada vez más empresas dan por hecho que son parte de su infraestructura crítica. Las licencias las usa gente a la que no les importa el movimiento Creative Commons, y que sólo lo hacen por motivos prácticos, en empresas o para bases de datos gubernamentales, o científicos. Por esto tenemos que hacer que [Creative Commons] funcione bien, y también tenemos que cambiar la mentalidad pública para que no lo vean como una lucha.

“Nuestras licencias las usa gente a la que no les importa el movimiento Creative Commons, y que sólo lo hacen por motivos prácticos”

Aunque sigue siendo una lucha, pero la lucha ya no es lo único. Necesitamos que el compartir se vea como parte del espectro político al completo. Compartir no es sólo para hippies de izquierdas; compartir es para compañías farmacéuticas, arquitectos, para todo el mundo.

El otro reto es que según Creative Commons se va ampliando geográficamente, la organización se hace más y más compleja, y cada nueva voz que se nos une requiere más esfuerzo para ponernos a todos de acuerdo, en plan de logística organizativa. No queremos acabar como la ITU o ICANN, o como el W3C, a los que se critica por ser burocráticos y lentos. Este es un reto que tendremos que afrontar. Hemos pasado de ser rápidos y ágiles a estar en un punto en el que tenemos tanta gente hablando con nosotros que tenemos que trabajar duro para seguir siendo operativos.

Creative Commons está en el momento dulce. Hemos ido creciendo poco a poco, y nos conocemos todos personalmente, somos amigos… Somos 47 jurisdicciones, pero ¿qué pasa cuando seamos doscientas? Será interesante.

¿Entonces no es que se trabaje menos, sino que el trabajo se ve menos?

“No es el momento de dar discursos, sino de escribir código”

Sí. El hecho de llevar la camiseta ya no es tan efectivo, y el efecto de escribir diez mil líneas de código para que esto funcione es lo que ahora es necesario, pero no es tan divertido para tanta gente. No es el momento de dar discursos, sino de escribir código.

Estamos aquí en Linz, rodeados de todo tipo de artistas e intelectuales de la cultura libre, y no vemos a “Terminator” viniendo del futuro para matarnos a todos. ¿Quiere esto decir que ya hemos ganado?

No, aún no. Pero estamos ganando pequeñas batallas, aunque… no es una buena metáfora, porque cada vez que ganamos, la otra parte también gana. Por ejemplo, un paso importante fue conseguir que las agencias danesa y holandesa de gestión colectiva de derechos aceptaran la coexistencia de las licencias Creative Commons junto con las licencias con las que habitualmente gestionan las obras de sus miembros. Muchos no creían que fuera posible llegar a un acuerdo con las sociedades de gestión de derechos, y aunque sea un pequeño paso, es un paso importante.

“Artistas conocidos como Nine Inch Nails han demostrado que se pueden usar licencias Creative Commons y aun así ganar dinero”

Luego están los artistas conocidos como Nine Inch Nails, que demuestran que pueden usar licencias Creative Commons y aun así ganar dinero; estamos hablando del lado “Terminator” del mundo. Pero estamos demostrando que podemos trabajar con la gente que está dispuesta a ser flexible, demostrándoles que no somos “anti-negocio” ni “anti-Copyright”, y a la vez demostrando a la comunidad de Creative Commons que algunos de estos personajes pueden tenerlo claro, que “lo pillan”. Dicho esto es verdad que esta gente está en minoría.

Pero sigue habiendo personas que se equivocan, que creen que Creative Commons es “anticopyright”, como Andrew Keen [el auto proclamado líder de la oposición a Internet], que va por ahí diciendo lo contrario de lo que representa nuestro proyecto. Hay gente por ahí que tergiversa lo que decimos, que dice que obligamos a la gente a regalar sus derechos y abandonarlos, que Flickr roba las imágenes. El peor de estos mitos es que somos “anticopyright”. Hay gente que lo es, y algunos de mis amigos lo son, pero Creative Commons es un entorno para el Copyright, para que el mayor número posible de personas puedan ejercer y respetar los derechos de autor.

Yo suelo decir que aplicar Creative Commons al Copyright es como poner un potenciómetro donde antes había un interruptor de la luz; que es algo que permite tener varios niveles de Copyright donde antes el Copyright sólo podía ser total o cero.

Correcto.

Pero cree que en el caso de Andrew Keen y de otros, esa ignorancia de la que habla usted, ¿es real o fingida? ¿De verdad es un malentendido idiota, o es una propaganda maliciosa contra Creative Commons porque lo ven como una amenaza, no sólo contra su modelo de negocio, sino, en algunos casos, contra su visión del mundo?

“Hay individuos que dicen que obligamos a la gente a regalar sus derechos y abandonarlos, y eso o bien es ignorancia o bien idiotez”

Hay un dicho que recomienda “no atribuir a la malicia lo que se pueda explicar con la estupidez o la ignorancia”, así que yo tiendo a darles el beneficio de la duda y pensar que son tontos o están mal informados. Es posible que haya casos muy estratégicos de gente que piensa “esto puede socavar esto”, y “esto otro puede socavar aquello”, pero en la mayor parte de los casos, cuando se habla con ellos, incluso si no están de acuerdo, conceden que puede tener sentido. Así que me considero una especie de optimista, ya que creo que la gente es más estúpida que maliciosa.

Ya le he preguntado por si hemos ganado. Ahora viene el otro lado de la moneda. ¿Qué riesgos posibles ve de perder la batalla?

“Como organización, cada vez nos es más caro funcionar: Creative Commons cuesta 2,5 millones de dólares al año, y el grifo se puede cerrar en cualquier momento”

Un problema posible que veo es de puro funcionamiento. Que nos quedemos sin dinero. Como organización, cada vez nos es más caro funcionar: Creative Commons cuesta 2,5 millones de dólares al año. Afortunadamente tenemos quien nos dé dinero, aunque siempre tengamos que estar mendigando, pero también pasa que cuando hablamos mucho de modelos de negocio, la comunidad empieza a sentirse inquieta. Es un equilibrio que tenemos que manejar con cuidado.

En fin, que tenemos quien nos financie: la Fundación Wikipedia, Google, Hewlett Packard, pero claro, esto no son ingresos regulares, y el grifo se puede cerrar en cualquier momento. El otro riesgo es que nos convirtamos en la ITU, y nos muramos de complejidad organizacional y de política interna.

“Existe el riesgo de que nos muramos de complejidad organizacional y de política interna”

Estos son los dos problemas más grandes que veo, los dos son problemas organizativos, y como director general, la razón por la que acepté este trabajo es que me pregunto cómo gestionamos esta organización, cómo la financiamos… No veo peligros externos a Creative Commons, no creo que nadie pueda destruirnos, porque en cierto sentido no hay nada que destruir.

Quizá he hecho la pregunta de forma demasiado amplia. No preguntaba por los peligros para Creative Commons, sino por los posibles peligros para la cultura libre. En el caso del software libre el peligro que se ven son las patentes de software, en el caso de la cultura libre estos riesgos vendrían de DRM (Gestión de Restricciones de Derechos).

“No se me ocurre cuáles podrían ser los peligros para la cultura libre”

Si las herramientas, la infraestructura y los servicios hacen más difícil que los amateurs puedan crear y compartir su obra, la cultura libre se vería en peligro. Pero sinceramente no lo veo probable; el DRM cada vez tiene menos agarre, la competencia en el mercado de las herramientas de creación es tan grande que los programas y dispositivos “proamateur” son cada vez mejores. En general las herramientas van a mejor, las tendencias son las correctas, y no se me ocurre cuáles podrían ser los mayores peligros para la cultura libre.

Más bien los peligros en general serían de regulación. Si al vídeo en la Red se le aplicaran las leyes de radiodifusión, si se aplicara el filtrado de contenidos obligatorio, que se exijan permisos para la edición en la Red, algo que ciertos países están contemplando, y en general la limitación del acceso a la publicación en la Red para que sólo sean los profesionales los que lo hagan. Esto se haría usando los hombres del saco habituales: la pornografía infantil, el terrorismo, el narcotráfico, el fraude, el spam… En general, estas son las razones que van a dar para intentar cerrar la Internet. Ese es nuestro mayor miedo.

Una de las críticas que se dan en España [y probablemente en otras circunscripciones] es que Creative Commons proviene un sistema de ley importada, sajona y consuetudinaria, la Common Law, y que al no emanar del Derecho Continental Europeo, el sistema no va a funcionar, que las licencias no son válidas.

Es lo que dijeron del protocolo TCP-IP. Dijeron que sería imposible de implementar en Europa, y en Japón dijeron que incluso sería ilegal. Las compañías japonesas tenían acuerdos entre ellas, y decían que el TCP-IP no funcionaría. Lo curioso es que en Japón esas mismas empresas empezaron a usar el TCP-IP llamándole de otro modo, y pasó un montón de tiempo hasta que aceptaron usar los protocolos de Internet.

Pero al final el valor de la compatibilidad e interoperabilidad es tan grande que… Si examinamos la tecnología de conexión Ethernet [el puerto que conecta los ordenadores a Internet por cable] veremos que ni siquiera es el mejor protocolo que existe para poner en contacto dos aparatos. Pero en su momento era el mínimo común denominador, y todo el mundo lo adoptó y esto creó una explosión de creatividad, de servicios y de valor. Lo mismo pasó con TCP-IP, que no es ni de lejos el mejor protocolo pero es el que interconectó a todo el mundo y simplemente funcionaba.

“Lawrence Lessig dice que Creative Commons es como la aspirina: no cura el cáncer, pero es estupenda para controlar cierto tipo de dolor de cabeza”

Del mismo modo, Creative Commons no resuelve todos los problemas. Larry [Lessig] dice que “Creative Commons es como la aspirina: no cura el cáncer, pero es estupenda para controlar cierto tipo de dolor de cabeza. Es un problema que todo el mundo tiene, y la aspirina resuelve el 90% de los casos”.

Pero tiene que ser un estándar global. Los sistemas de interoperabilidad no funcionan si cada país tiene el suyo. Creative Commons es una plataforma para la interconexión de conocimiento, personas e ideas, que te permite ser más italiano, o más japonés, y comunicar y compartir con el resto del mundo. Esto es lo que permite una explosión de diversidad en la capa superior, pero las licencias forman parte de la infraestructura, y no conviene tener una explosión de diversidad en la capa de infraestructura.

Los italianos, o quien sea, deberían darnos su opinión sobre cómo mejorar las licencias, y nosotros escuchar sus comentarios e integrarlos, pero creo que no es buena idea ser creativo en la generación de licencias, es como crear una segunda Internet. Ya hay gente intentando hacer una Internet china, una Internet árabe, pero esto sería un desastre.

Sobre la proliferación y compatibilidad de licencias, han hecho ustedes un gran esfuerzo para ser compatibles con la GFDL [licencia de documentación libre del proyecto GNU de la Free Software Foundation], y Debian acaba de aceptar en su archivo algunas de las licencias Creative Commons, concretamente las que son libres según freedomdefined.org. ¿Cuánto de esto es política oficial de Creative Commons a favor de la compatibilidad, y cuánto ha sido simplemente trabajo de individuos particulares con un interés personal en la compatibilidad de proyectos?

Es una combinación de ambos. Desde el comienzo Creative Commons ha sido muy consciente de los problemas de la proliferación de licencias; yo estuve en el Consejo de la Open Source Initiative, y creo que la OSI se dio cuenta del problema muy pronto. Hay muchas licencias Open Source [un difereciación de las licencias GNU], demasiadas, pero por ejemplo desde la OSI conseguimos que Intel dejara de usar la suya propia y usara una genérica, lo que fue una gran victoria.

“Desde el comienzo Creative Commons ha sido muy consciente de los problemas de la proliferación de licencias”

Creative Commons ha hecho todo lo posible por evitar la proliferación de licencias. Dicho esto, creo que hemos fracasado porque la Universidad de Tokio tiene su propia licencia, y también la BBC. O sea, que no siempre conseguimos nuestros objetivos, pero lo intentamos con mucho esfuerzo.

En cuanto a la compatibilidad, por supuesto que hay trabajo de individuos, pero también de nuestros socios. Por ejemplo, Wikipedia y la Wikimedia Foundation nos han ayudado enormemente en la tarea de acercar nuestras licencias libres a la GFDL hasta que fueran compatibles con las de la comunidad de Wikipedia.

Por eso le preguntaba por los individuos: aquí hay dos personas que son Benjamin “Mako” Hill y Erik Moeller, que con su proyecto Freedomdefined.org han hecho mucho por levantar la confusión entre las licencias Creative Commons y las licencias libres, porque no todas las licencias Creative Commons son libres.

Correcto. Y estas dos personas, Mako y Erik son personas claves, han sido fundamentales para lograr esta compatibilidad. Nuestro equipo está en muchas listas de correo de otros proyectos, nos repartimos las tareas, yo participo personalmente en la lista de licencias de Wikimedia, y creo que somos muy sinceros en lo que decimos de escuchar a todo el mundo. También estaba claro que conseguir la compatibilidad de nuestras licencias con la GFDL era algo que obviamente teníamos que hacer, y nos han ayudado mucho a hacerlo.

“Creative Commons ofrece una opción distinta para cada persona, pero para un músico que tiene un contrato la cláusula no comercial no es una opción, es su única opción”

Nunca hemos dicho que todo el mundo tenga que usar todas nuestras licencias. Creative Commons ofrece una opción distinta para cada persona, pero para un músico que tiene un contrato, la cláusula no comercial no es una opción, es su única opción, y ya es de por sí un gran paso. Pero no queremos que los materiales educativos se publiquen con licencias no comerciales.

Hay muchas formas de evitar la proliferación de licencias. Google Code sólo ofrece a los programadores que tienen ahí sus proyectos un par de licencias o tres, no más. Nosotros tenemos muchas opciones porque tenemos muchas comunidades, y dentro de cada comunidad los pasos que pueden dar son limitados, pero esperamos que puedan ir subiendo paso a paso hacia licencias más libres. En realidad es totalmente consistente con nuestra misión, y con la misión de la Free Software Foundation, que ellos sólo acepten como libres dos de nuestras licencias, eso nos parece bien.

Creative Commons ha estandarizado, por así decirlo, sobre las licencias GPL y LGPL. ¿Proveen ustedes una interfaz para ellas?

Sí, damos un “wrapper” [literalmente “envoltorio”, en este caso entorno gráfico web similar al de elección de licencias CC que permite aplicar la GPL a una obra usando los formatos de metadatos de Creative Commons] , y cada vez más la comunidad del software libre se está dando cuenta de que para la documentación y ciertos tipos de contenido las licencias Creative Commons [algunas de ellas] tienen sentido. De nuevo se trata de mantener la interoperabilidad, porque no quieres que haya diez tipos distintos de licencias de copyright, no quieres una proliferación de licencias.

En esta entrevista ha comparado a Creative Commons con la ITU, ICANN, y con el W3C. Creative Commons no es una organización internacional de estándares, sino una fundación de derecho privado. Pero en su charla en el simposio de Ars Electronica habla como si fuera “la organización de estándares para las licencias de contenido libre”, incluso dice esa frase literalmente.

ICANN [la organización que rige el funcionamiento de Internet] es una organización sin ánimo de lucro registrada en California, y está gobernada por la legislación de los Estados Unidos. Estamos intentando cambiarlo, pero no es fácil, no hay una forma clara… El problema es que no hay entidades internacionales que no sean entidades intergubernamentales. Así que es muy, muy difícil… No tengo muy claro ahora mismo cómo se organiza el W3C, pero apostaría a que es un conjunto de pequeñas fundaciones sin ánimo de lucro. [En realiadad es un consorcio de empresas y universidades.]

“Cada vez Creative Commons se irá pareciendo más a una organización internacional de estándares del copyright”

Así que en realidad ICANN y Creative Commons no se diferencian tanto desde un punto de vista legal. ICANN tiene un consejo de dirección, Creative Commons tiene un consejo de dirección, ICANN tiene un Director General, Creative Commons tiene un Director General… La principal diferencia que le veo está en las fuentes de ingresos. Pero se puede decir que, de algún modo, ICANN es una organización internacional de estándares.

Así que aún no vamos a llamar a Creative Commons una organización de internacional de estándares, pero se le va a parecer más y más según nos vayamos metiendo en la tecnología. La nueva iniciativa RDF con el W3C para introducir nuestro código de licencias en el estándar de XHTML es un proyecto muy importante, así que sí, cada vez Creative Commons se irá pareciendo más a una organización internacional de estándares de los derechos de autor, al menos en parte de lo que hacemos.

¿Cuáles son los siguientes pasos? ¿Están relacionados con la Web Semántica?

Sí. La próxima etapa para nosotros, que es muy importante, es introducir nuestros protocolos de licencias en XHTML y la Web Semántica de Tim Berners-Lee, y hacer que las herramientas para buscadores sean sencillas, interoperables y sin fisuras. No queremos concentrarnos sólo en las licencias Creative Commons, sino ayudar a crear tecnología y especificaciones para todas las licencias. En algún momento, nos gustaría aportar opciones más allá de Creative Commons.

Como ya hicieran con la GPL y la LGPL…

“Si podemos conseguir que nuestro sistema de licencias vaya en el estándar de HTML5, entonces todas las compañías grandes lo usarán automáticamente”

Sí, por supuesto. E incluso para el contenido “todos los derechos reservados”, que puedan usar libremente nuestro RDFAM, que es una herramienta valiosísima, a ese nivel. El primer paso con el W3C ha sido un paso muy importante para nosotros. Si podemos conseguir que nuestro sistema de licencias vaya en el estándar de HTML5, entonces todas las compañías grandes lo usarán automáticamente, y poner una licencia Creative Commons será sólo el trámite de reconocerlo en un fragmento de código, todo estará integrado sin fisuras.

¿Un último comentario?

Como autocrítica, creo que todavía seguimos de alguna manera predicándonos entre los conversos, que hemos llegado muy lejos pero mucha gente aún no sabe qué es Creative Commons, ni qué son exactamente los derechos de autor, y creo que tenemos que reflexionar nosotros mismos sobre cómo comunicar estos temas al público.

Una manera es que esté asumido en la tecnología, como estamos haciendo, pero todavía creo que en cierto momento el usuario tiene que entender qué es lo que está pasando. Ya hicimos unas animaciones en flash que molaban mucho, pero aún queda mucho trabajo de comunicación por hacer. Esta comunicación pasa por despolitizarlo, que parezca menos un asunto izquierdoso, y más una solución práctica para problemas que tiene todo el mundo.