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Fuente: Clarin

Desde hace veinticinco años, el estadounidense Richard Stallman brega por un software libre como vía hacia una sociedad digital justa. De paso por Buenos Aires, en este diálogo el inventor del copyleft desarrolla algunas de sus ideas más polémicas. Nota completa en Revistaenie.com.

Richard Stallman viaja por el mundo dando conferencias encendidas con el evangelio del Software libre bajo el brazo, coquetea con sus ambiciones actorales en un sketch en el que se disfraza de San IGNUcio, el santo del GNU (sistema operativo que Stallman creó y defiende), usando un viejo disco rígido a manera de aureola y huye de cualquier posibilidad de vigilancia. Virtual o real. Así, esquiva los hoteles para que los gobiernos no sepan dónde está, reniega del celular para que no puedan rastrearlo y sólo usa su computadora Lemote, una netbook china que a diferencia de la mayoría de las portátiles del mundo no permite que Windows haga pie en ella y sí su GNU, que en combinación con Linux, es el programa más conocido de software libre. Gratuito, amenaza la hegemonía de Windows de Microsoft.

“Llevo 25 años luchando para no ser incluido”, dijo Stallman en la primera de las charlas que dio esta semana en Buenos Aires. El tema, justamente, era la inclusión digital, algo que para él y sus seguidores puede ser malo o bueno según cómo se haga. Su lucha irrenunciable contra el software “privativo” (aquél que reserva algunos o todos los derechos de uso, copia, modificación y distribución para el fabricante, impidiendo al usuario modificarlo, compartirlo o redistribuirlo), aspira a una sociedad digital justa, en la que los usuarios valoren cada vez más su libertad. Fundador de la Free Software Foundation (Sociedad de Software Libre), y creador del copyleft, un sistema de autoría distinto al copyright, Stallman promueve el uso y distribución de software sin licencias. A tal extremo lleva su visión ética de la informática, que antes de empezar la entrevista pregunta si el video va a publicarse en flash. “No es ético, el flash es un software privativo y Youtube hace muy mal en usarlo”, dice. Con las garantías del caso, comienza este ping pong con Ñ.

-Usted empezó en tiempos del Mayo Francés, cuando el mundo de los programadores era más amateur, ¿hubiese sido más fácil arrancar entonces con su movimiento?

-Quizá pero había muy pocas computadoras, muy caras y casi nadie se interesaba. No imaginaba que la informática iba a tener tanta importancia en la vida cotidiana. Además, en el año 69 había mucho software libre. No había porqué lanzar un movimiento. Cuando una práctica no está amenazada no hace falta defenderla.

-¿Cuándo surgió la necesidad de dar esa batalla?

-En los 70 el software libre empezó a desaparecer a medida que entraba el software privativo. Yo llegué al laboratorio de inteligencia artificial del MIT (Instituto Tecnológico de Massachusetts) que tenía un sistema operativo libre, allí me emplearon para mejorar ese sistema, un trabajo que amaba. Pero al final de la década éramos casi los únicos que quedábamos usando software libre. Y cuando nuestra comunidad murió, en 1982, ya no tuve a dónde ir. Tuve que lanzar el movimiento de software libre, que hoy tiene millones de usuarios de nuestro sistema GNU con Linux.

-De esos millones de usuarios, muchos combinan el software libre con el “privativo”. ¿Por qué se queja tanto?

-El problema es que hay muchas variantes del sistema GNU con Linux. Y la mayoría contiene algunos programas privativos. Sugerirle a alguien que use un programa privativo, es suponer su legitimidad ética. Por eso me quejo. Instalar una versión no totalmente libre, es un avance, pero legitima algo que no es ético.

-Esa es una manera de verlo, pero hay otras. Entre los que hacen ese mix, muchos plantean que es difícil mantener la calidad o ser profesional sin echar mano a distintos tipos de software pago. Es el caso del video, por ejemplo. ¿Qué les diría?

-Hay programas para hacer casi todo. Y también video. Pero eso no es lo importante. Si alguien que vive bajo un imperio, y tiene la posibilidad de alcanzar la libertad, pregunta por la pérdida de algunos lujos, hace una pregunta tonta, que revela que él no valora su libertad. Hay que hacer sacrificios prácticos por la libertad.

-Usted pone el foco en la educación, ¿por qué?

-La mayoría de las escuelas enseña a base de sistemas privativos. Eso sucede en la Argentina, que usa mucho el Windows, de Microsoft. Y la alfabetización digital con Windows hace daño. Sembrar dependencia y colonización va en contra de la misión de la escuela.

-Pero muchas de las compañías que usted critica, a través de donaciones y cursos de capacitación, ocupan a veces un lugar que el Estado, lamentablemente, deja vacante.

-Yo pienso que la escuela debe borrar Windows de las computadoras. La presencia del software privativo en las escuelas debe estar prohibida, porque va en contra del espíritu de la educación. El software privativo es conocimiento denegado, secreto. Y la escuela es un lugar para compartir conocimientos. Tiene la misión social de educar a la próxima generación como buenos ciudadanos. Como parte de una sociedad fuerte, capaz, independiente, solidaria y libre. Esto, en la informática, requiere enseñar software libre. De lo contrario se siembra dependencia.

-En otros países de América Latina –Venezuela, Ecuador…– ha logrado un vínculo más cercano con el gobierno…

-No diría que el vínculo es cercano. Pero en el caso de Ecuador, conversé con el presidente Rafael Correa, por entonces presidente electo. Y él entendió por qué todo esto es moralmente obligatorio, y decidió migrar el Estado a software libre. Usar software pago en cualquier esfera del Estado, es una delegación de la posibilidad de mantener su control de la informática. Si vos, usuario, perdés el control de tu informática, es una lástima. Si un Estado lo pierde, es una pérdida de la soberanía.

-En el mundo de la informática se fomenta una cultura del miedo a los virus, robos y actualizaciones de programas, ¿son razonables esos temores?

-Los usuarios deben tener miedo, pero de las empresas. Porque frecuentemente tienen funcionalidades malévolas. Las empresas dicen: para tu seguridad, necesitás esto. Pero sus programas no tienen ninguna seguridad contra el desarrollador. La mayoría de los programas pagos tienen puertas traseras. Funcionalidades malévolas: vigilar, atacar y restringir. No es racional confiar en estos programas. El desarrollador tiene el control. Y la informática permite una vigilancia totalitaria como nunca hubo.

-Las audiencias en Internet son cada vez más poderosas y sin embargo no migran al software libre en masa, ¿por qué?

-Aunque no me parece un contraste pertinente, creo que la causa es la inerc ia social. Microsoft, sobre todo, sabe jugar muy bien con esta inercia. ¿Por qué regala computadoras y da cursos? Escaparnos de esa inercia necesita un esfuerzo por valorar la libertad. Para que el público tenga más poder de cambiar el software, tendría que usar software libre, porque sólo así tendrían la opción de cambiar el programa. Sólo así tenés el código fuente y podés cambiarlo o pagarle a otro para cambiarlo, con software pago no.

-En relación con el control del que hablaba, está muy fresco el caso de la librería digital Amazon, que al descubrir que no tenía derechos para vender ese libro removió, gracias a un programa llamado Kindle, “1984” de George Orwell de las computadoras personales de los usuarios que ya lo habían comprado.

-Es un ejemplo más del software privativo. Es muy notable y reciente, pero tener funcionalidades malévolas es muy común. Cuando uno tiene poder sobre muchos siente la tentación de ejercerlo para explotar y abusar.

-¿Es optimista sobre la viabilidad de lo que propone?

Soy pesimista por naturaleza, pero no luchar es inútil, no es una opción.

Richard Stallman viaja por el mundo dando conferencias encendidas con el evangelio del Software libre bajo el brazo, coquetea con sus ambiciones actorales en un sketch en el que se disfraza de San IGNUcio, el santo del GNU (sistema operativo que Stallman creó y defiende), usando un viejo disco rígido a manera de aureola y huye de cualquier posibilidad de vigilancia. Virtual o real. Así, esquiva los hoteles para que los gobiernos no sepan dónde está, reniega del celular para que no puedan rastrearlo y sólo usa su computadora Lemote, una netbook china que a diferencia de la mayoría de las portátiles del mundo no permite que Windows haga pie en ella y sí su GNU, que en combinación con Linux, es el programa más conocido de software libre. Gratuito, amenaza la hegemonía de Windows de Microsoft.

“Llevo 25 años luchando para no ser incluido”, dijo Stallman en la primera de las charlas que dio esta semana en Buenos Aires. El tema, justamente, era la inclusión digital, algo que para él y sus seguidores puede ser malo o bueno según cómo se haga. Su lucha irrenunciable contra el software “privativo” (aquél que reserva algunos o todos los derechos de uso, copia, modificación y distribución para el fabricante, impidiendo al usuario modificarlo, compartirlo o redistribuirlo), aspira a una sociedad digital justa, en la que los usuarios valoren cada vez más su libertad. Fundador de la Free Software Foundation (Sociedad de Software Libre), y creador del copyleft, un sistema de autoría distinto al copyright, Stallman promueve el uso y distribución de software sin licencias. A tal extremo lleva su visión ética de la informática, que antes de empezar la entrevista pregunta si el video va a publicarse en flash. “No es ético, el flash es un software privativo y Youtube hace muy mal en usarlo”, dice. Con las garantías del caso, comienza este ping pong con Ñ.

-Usted empezó en tiempos del Mayo Francés, cuando el mundo de los programadores era más amateur, ¿hubiese sido más fácil arrancar entonces con su movimiento?

-Quizá pero había muy pocas computadoras, muy caras y casi nadie se interesaba. No imaginaba que la informática iba a tener tanta importancia en la vida cotidiana. Además, en el año 69 había mucho software libre. No había porqué lanzar un movimiento. Cuando una práctica no está amenazada no hace falta defenderla.

-¿Cuándo surgió la necesidad de dar esa batalla?

-En los 70 el software libre empezó a desaparecer a medida que entraba el software privativo. Yo llegué al laboratorio de inteligencia artificial del MIT (Instituto Tecnológico de Massachusetts) que tenía un sistema operativo libre, allí me emplearon para mejorar ese sistema, un trabajo que amaba. Pero al final de la década éramos casi los únicos que quedábamos usando software libre. Y cuando nuestra comunidad murió, en 1982, ya no tuve a dónde ir. Tuve que lanzar el movimiento de software libre, que hoy tiene millones de usuarios de nuestro sistema GNU con Linux.

-De esos millones de usuarios, muchos combinan el software libre con el “privativo”. ¿Por qué se queja tanto?

-El problema es que hay muchas variantes del sistema GNU con Linux. Y la mayoría contiene algunos programas privativos. Sugerirle a alguien que use un programa privativo, es suponer su legitimidad ética. Por eso me quejo. Instalar una versión no totalmente libre, es un avance, pero legitima algo que no es ético.

-Esa es una manera de verlo, pero hay otras. Entre los que hacen ese mix, muchos plantean que es difícil mantener la calidad o ser profesional sin echar mano a distintos tipos de software pago. Es el caso del video, por ejemplo. ¿Qué les diría?

-Hay programas para hacer casi todo. Y también video. Pero eso no es lo importante. Si alguien que vive bajo un imperio, y tiene la posibilidad de alcanzar la libertad, pregunta por la pérdida de algunos lujos, hace una pregunta tonta, que revela que él no valora su libertad. Hay que hacer sacrificios prácticos por la libertad.

-Usted pone el foco en la educación, ¿por qué?

-La mayoría de las escuelas enseña a base de sistemas privativos. Eso sucede en la Argentina, que usa mucho el Windows, de Microsoft. Y la alfabetización digital con Windows hace daño. Sembrar dependencia y colonización va en contra de la misión de la escuela.

-Pero muchas de las compañías que usted critica, a través de donaciones y cursos de capacitación, ocupan a veces un lugar que el Estado, lamentablemente, deja vacante.

-Yo pienso que la escuela debe borrar Windows de las computadoras. La presencia del software privativo en las escuelas debe estar prohibida, porque va en contra del espíritu de la educación. El software privativo es conocimiento denegado, secreto. Y la escuela es un lugar para compartir conocimientos. Tiene la misión social de educar a la próxima generación como buenos ciudadanos. Como parte de una sociedad fuerte, capaz, independiente, solidaria y libre. Esto, en la informática, requiere enseñar software libre. De lo contrario se siembra dependencia.

-En otros países de América Latina –Venezuela, Ecuador…– ha logrado un vínculo más cercano con el gobierno…

-No diría que el vínculo es cercano. Pero en el caso de Ecuador, conversé con el presidente Rafael Correa, por entonces presidente electo. Y él entendió por qué todo esto es moralmente obligatorio, y decidió migrar el Estado a software libre. Usar software pago en cualquier esfera del Estado, es una delegación de la posibilidad de mantener su control de la informática. Si vos, usuario, perdés el control de tu informática, es una lástima. Si un Estado lo pierde, es una pérdida de la soberanía.

-En el mundo de la informática se fomenta una cultura del miedo a los virus, robos y actualizaciones de programas, ¿son razonables esos temores?

-Los usuarios deben tener miedo, pero de las empresas. Porque frecuentemente tienen funcionalidades malévolas. Las empresas dicen: para tu seguridad, necesitás esto. Pero sus programas no tienen ninguna seguridad contra el desarrollador. La mayoría de los programas pagos tienen puertas traseras. Funcionalidades malévolas: vigilar, atacar y restringir. No es racional confiar en estos programas. El desarrollador tiene el control. Y la informática permite una vigilancia totalitaria como nunca hubo.

-Las audiencias en Internet son cada vez más poderosas y sin embargo no migran al software libre en masa, ¿por qué?

-Aunque no me parece un contraste pertinente, creo que la causa es la inerc ia social. Microsoft, sobre todo, sabe jugar muy bien con esta inercia. ¿Por qué regala computadoras y da cursos? Escaparnos de esa inercia necesita un esfuerzo por valorar la libertad. Para que el público tenga más poder de cambiar el software, tendría que usar software libre, porque sólo así tendrían la opción de cambiar el programa. Sólo así tenés el código fuente y podés cambiarlo o pagarle a otro para cambiarlo, con software pago no.

-En relación con el control del que hablaba, está muy fresco el caso de la librería digital Amazon, que al descubrir que no tenía derechos para vender ese libro removió, gracias a un programa llamado Kindle, “1984” de George Orwell de las computadoras personales de los usuarios que ya lo habían comprado.

-Es un ejemplo más del software privativo. Es muy notable y reciente, pero tener funcionalidades malévolas es muy común. Cuando uno tiene poder sobre muchos siente la tentación de ejercerlo para explotar y abusar.

-¿Es optimista sobre la viabilidad de lo que propone?

Soy pesimista por naturaleza, pero no luchar es inútil, no es una opción.