Feeds:
Entradas
Comentarios

Archive for 15/07/10

Fuente: Comunidad Software Libre & OpenSource

Algunas notas iniciales sobre Virtualización

Hoy en día los equipos de cómputo y sus componentes son cada vez menos costosos, por lo cual resulta más fácil para una persona u organización considerar la adquisición de varias máquinas para cubrir variedad de requerimientos de sistemas informáticos, tales como:

  • Utilizar programas que corren sobre diferentes sistemas operativos o utilizan los mismos puertos de comunicación
  • Implantar aplicaciones que utilizan diferentes versiones de las mismas librerías, programas adicionales o versiones diferentes de sistema operativo
  • Brindar a un usuario permisos de administrador sobre el sistema operativo, pero sin posibilidad de modificar programas que no le corresponde
  • Reiniciar o modificar la configuración del sistema operativo sin afectar a los otros sistemas
  • O simplemente tener un orden específico en las instalaciones de sistemas que realizamos

Sin embargo, las situaciones descritas anteriormente pueden degenerar rápidamente en el desperdicio de recursos informáticos y económicos. Para minimizar este efecto no deseado surge el concepto de virtualización, con el cual se puede contar con varias computadoras ‘virtuales’ (cada una de ellas ejecutando diversos sistemas operativos) y todas ellas funcionando en un mismo equipo físico.

Leer más

Read Full Post »

Fuente: la pastilla roja (Sergio Montoro)

Glyn Moody escribe un artículo en The H titulado Has Oracle been a disaster for Sun’s open source? en el que plantea como una pregunta lo que para mi es una realidad. Veamos porqué.

Sun tenía cuatro activos estratégicos Open Source, por órden de importancia :

- Java
- OpenOffice
- MySQL
- OpenSolaris

Había muchas más cosas, pero, en lo que respecta a cambiar el panorama tecnológico mundial, esto era lo principal.

Lo primero de todo para entender las implicaciones de la compra de Sun es tener en cuenta la diferencia estratégica entre Sun y Oracle.

Sun era lo que yo denominaría “una empresa de estilo innovador ochentero” que seguía la estela de la creación de los minicomputadores de 32 bits. El credo de Sun era que si innovas con la suficiente intensidad los (buenos) resultados económicos vendrán una consecuencia del proceso. Hubo una época en la cual realmente eso era cierto, pero de un tiempo a esta parte, el marketing y la distribución importan tanto, si no más, que la propia tecnología, y tras el estallido de la burbuja de Internet, Sun lo hizo sorprendentemente mal en su estrategia comercial.

Oracle, por otra parte, es una empresa 100% orientada a los stakeholders, o más bien a lo que ellos entienden por stakeholders (de los cuales las comunidades Open Source no parecen formar parte). La misión de Oracle es aumentar sus ingresos, un 39% más en el último trimestre, de modo que da la impresión de que la ingesta de Sun les ha sentado bien. Para Oracle la innovación es un medio, y no un fin como lo era para Sun. El problema de Oracle es que su venta de licencias del SGBDR está decreciendo y necesita diversificarse constantemente engullendo otras empresas para mantener e incrementar su facturación.

Java
Java es una de las 10 tecnologías más importantes de la historia de la computación, y una de las primeras cosas que han sucedido es que James Gosling, a quién se atribute la creación de Java, dejó Oracle en abril de 2010 por motivos que no reveló con exactitud pero que se intuye que tienen que ver con la diáspora de talento que siguió a la adquisición y con que Oracle no estaba dispuesta a pagarle lo mismo que le pagaba Sun.

Lo que pasará con Java será probablemente lo siguiente:

1º) Oracle continuará invirtiendo en Java como un pilar estratégico de su stack tecnológico.
2º) El lenguaje de programación se integrará totalmente dentro del SGBDR pero mediante extensiones propietarias de Oracle.
3º) Oracle jugará su papel habitual de second mover con respecto a las iniciativas NoSQL, primero tratará de convencer a los clientes de que no sirven para nada, y luego acabará comprando aquellas que alcancen el liderazgo.
4º) Oracle tratará de sacarle el jugo comercial a derivados de Jakarta, en particular a un fork comercial de Tomcat.
5º) Las tecnologías como Hibernate, probablemente se quedarán tal como están.

OpenOffice
Sun creó OpenOffice a partir del código de StarOffice que compró a StarDivision en 1999 por 73,5 millones de dólares.
Un factor importante para valorar porqué Sun compró StarOffice es que se trataba más bien de erosionar el negocio de Microsoft antes que competir directamente con el.
Simon Phipps dijo en un podcast en LUGradio que cuando Sun compró StarOffice, la empresa tenía 44.000 empleados, y que el ahorro en pago de licencias a Microsoft fue un factor de peso importante en la decisión.
Diez años después, en 2009, Scott McNealy, parecía más interesado en el dinero que OpenOffice le hacía perder a Microsoft antes que en el dinero que Sun ganaba con la suite ofimática.
Pero a Oracle no le interesa ningún mercado que no pueda dominar.
Por eso han empezado a oirse rumores de que OpenOffice lleva un rumbo errático.
OpenOffice aún dará mucho juego, por la misma razón por la que Sun lo compró: porqué para muchas compañías grandes el ahorro de costes usando OpenOffice es brutal, y porque los usuarios ya han dicho que lo prefieren sobre Google Docs.

MySQL
MySQL triunfó básicamente debido a que conquistó un nicho de mercado: el de la base de datos para sitios web chiquititos (que luego empezaron a no ser tan “chiquititos”). En la primera declaración de intenciones que Larry Ellison hizo tras la compra de Sun simplemente ignoró MySQL. Si Oracle asimila MySQL y lo integra dentro de sus herramientas de base de datos simplemente desvirtuará la solución y la hará irrelevante para los programadores de websites quienes empezarán bien a adoptar forks bien a pasarse a tecnologías NoSQL.

OpenSolaris
Oracle le va la venta por dominio del cliente. Compró Sun principalmente para cerrar el círculo y tener todos los componentes desde el hardware hasta las aplicaciones con los que ofertar soluciones integrales. A Oracle le interesa Solaris, lo que no le interesa es el Open de Solaris. A Oracle le interesa que el sistema operativo y la base de datos se vendan conjuntamente en un paquete por el cual puedan cobrar licencias y soporte. Así que seguiremos viendo a Solaris vivito y coleando pero mucho menos abierto que antes.

Read Full Post »

Fuente: La Nacion (Ariel Torres)

La privacidad parece ser una víctima natural de los tiempos modernos. Nos han ido convenciendo de eso. Se compra uno la webcam, saca una cuenta de correo electrónico, busca algo en Google y, ¡zas!, ya embargó parte de su anonimato. Súmele las redes sociales, la geolocalización y las fotos satelitales, y la privacidad necesariamente va a desaparecer.

Es más, nos aseguran que “las nuevas generaciones ya no tienen el mismo concepto de privacidad”, sugiriendo con esto que el nuevo concepto es más una renuncia que un aggiornamiento. Así, de a poco, sin darnos cuenta, hemos terminado asociando la privacidad con algo del pasado, como los teléfonos de baquelita y la leche en botella de vidrio. Vamos, ¿cuántos súbitos gurús expulsan a diario la supuesta verdad de que la privacidad es una pieza de museo, un callejón sin salida evolutivo de la civilización? He perdido la cuenta.

No defenderé hoy la privacidad como derecho civil. Ya lo hice en esta columna antes ( www.lanacion.com.ar/1005587 ). Más bien tengo la intención de dejar claro que la privacidad no es algo del pasado. Por el contrario, es algo muy nuevo, que recién empezamos a comprender y disfrutar. Es algo para el futuro.

Sin embargo, el futuro es líquido. Así que la posibilidad de desviar la civilización hacia una distopía al peor estilo Gattaca no queda automáticamente descartada. Como me dijo al respecto Robert Boorstin, director de políticas públicas de Google, hace poco: “No creo que la tecnología por sí sola garantice nada”.

Es muy cierto. Por eso es necesario hablar de estos temas hoy, antes de que pasemos del augurio al decreto y se declare erradicado el derecho constitucional a la privacidad. O, lo que sería todavía peor, que renunciemos a ella.

La privacidad es algo muy reciente; tanto, que durante la mayor parte de nuestra historia no tuvimos nada ni remotamente parecido; tanto, que en algunos idiomas ni siquiera existe la palabra privacidad .

La noche antes de la humanidad

Nuestra especie arrancó su breve y accidentada biografía mucho antes de Giza y Babilonia, mucho antes de que nos atreviéramos a recorrer el Puente de Beringia y llegar a la vasta América. Fueron decenas de miles de años de inconmensurable frugalidad. Nos faltaba, de forma regular, el alimento, el agua potable y el refugio adecuado. Ni hablar de un cuarto de baño para las visitas.

Vivíamos hacinados, más por necesidad que por dichoso espíritu gregario: no resultaba demasiado sagaz apartarse un rato largo del grupo, a menos que tuviéramos la firme intención de que algo nos comiera. En cuyo caso nuestros genes no se perpetuarían, por lo que querer estar con los demás es un rasgo extremadamente poderoso en los seres humanos. Todavía hoy es difícil concebir un castigo peor que el aislamiento absoluto. Hasta para quienes están presos y han perdido el tesoro de la libertad el aislamiento es un escarmiento temible.

Sí, en aquel mundo ido todos sabíamos todo de todos. Posiblemente, además, no había mucho que saber. ¿Por qué?

Porque durante un tiempo que equivale a por lo menos cinco veces la historia escrita, la conciencia individual permaneció demasiado torturada por los exámenes de la supervivencia para darse el lujo de pensar mucho en otras cosas. Todavía no habían nacido ni la ideología ni el anonimato. La privacidad de nuestra conciencia permaneció casi sin estrenar y el yo estuvo en duermevela por varios cientos de siglos.

A solas consigo

Los primeros avances en la privacidad llegan con la agricultura y la sociedad urbana. Como ocurriría más tarde con la escritura, sin embargo, la privacidad no era para todos, sino para los más poderosos.

El resto de nosotros seguía sujeto a los caprichos del clima, los desastres naturales, las pestes, hambrunas, guerras, los alimentos en mal estado y trabajos tan atroces que hoy resultan difíciles de imaginar, excepto que miremos -solemos no mirar- las regiones más castigadas de nuestro planeta.

El habitar más o menos amontonados siguió siendo tan común como la idea de que nuestra conciencia y todos nuestros actos le pertenecían siempre a alguna instancia superior.

Debieron pasar todavía milenios para que cambiara ese estado de cosas. Incluso entre los avanzados atenienses los dones de la democracia y el debate de ideas estaban reservados a unos diez mil ciudadanos de nacimiento. Por debajo sobrevivían un millón de esclavos despojados de todos sus derechos. Se entiende que la privacidad no estaba entre sus principales preocupaciones.

Roma avanzó un poco más en el confort y lo hizo llegar a más gente, pero sólo para aprovechar políticamente la dádiva. El bochornoso Panem et circenses fue uno de los muchos baldones del imperio. El más colosal todavía se yergue imponente y aterrador en el centro de la ciudad de los siete montes.

La privacidad siguió siendo una fruta exótica que sólo probaban los privilegiados, como la lectura, el conocimiento y el debate. En semejante contexto, ¿de qué habría servido el derecho a proteger los actos privados, si las conciencias se manipulaban casi sin oposición?

La revolución mental

En rigor, la privacidad como derecho civil de todos los ciudadanos es obra de un conjunto de tendencias que se dispararon a finales de la Edad Media: el Renacimiento y su antropocentrismo, la imprenta de Gutenberg y, en una época muy parecida a la que vivimos hoy, la imparable multiplicación de fenómenos inéditos: el método científico, el pensamiento libre e individual y una democracia cada vez más representativa. Una democracia, sin embargo, que no concedería a la mujer el derecho de votar hasta bien entrado el siglo XX. Sí, siglo XX.

Es que el mundo era -y sigue siendo- un lugar de vergonzosas injusticias, de crímenes incalificables, de discriminación y tragedia, pero aun así, en comparación con los siglos anteriores, el cambio que se produjo al liberarse el flujo de la información fue abismal. Tan pronto el tímido riego del conocimiento acarició esas tierras desertificadas, una de las primeras hierbas buenas que germinó fue la privacidad.

Que todos fuéramos capaces de pensar como individuos fue la gran revolución mental que vino a continuación. Hasta entonces leer, escribir y pensar había sido tan absurdo como hasta finales del siglo XX lo era que cada persona tuviera una computadora en su casa. O que pudiera publicar sus ideas en una red global.

Por definición, toda revolución parece una herejía justo antes de dispararse, parafraseando a Thomas Huxley.

Las tecnologías que nacieron de las ciencias nos permitieron expandir nuestro espacio privado. Las viviendas podían fabricarse más rápido y a menor costo. Las medicinas empezaron a dar mejor resultado que las sanguijuelas, los sortilegios y las pócimas de mágica promesa, pero dudosa factura.

El mundo que conocemos hoy en buena parte de Occidente, donde es normal que los matrimonios duermen a solas en su propio cuarto, donde nos parece aceptable, incluso loable tener una opinión sobre algo (lo que sea), donde existe la propiedad privada , donde gran parte de la sociedad es consciente de que rige algo llamado ley (o de que no rige en absoluto), este mundo en el que, en general, podemos elegir qué queremos y cuándo lo queremos, donde se considera delito que oigan nuestras conversaciones telefónicas sin autorización de un juez, este mundo no tiene mucho más de 200 años. De la Revolución Francesa para acá, para redondear.

Como dije, y como es por otra parte obvio, aquella colosal revolución mental no fue uniforme en todo el planeta. Persisten atroces focos de feudalismo. La diferencia es que ahora somos conscientes de esto. Cuando hablamos de progreso no nos referimos a autos más rápidos, sino a que los derechos civiles fundamentales lleguen un día a todos los seres humanos. Sé que el camino que queda por transitar es muy largo, pero tal vez lo es menos que el que ya recorrimos.

Tan moderno es el concepto del espacio privado, personal y familiar que no todas las constituciones incluyeron este derecho fundamental en sus textos. La argentina es una honrosa excepción, por la fecha de su primera versión. La estadounidense debió incluir esta garantía en la Cuarta Enmienda (1789).

Eramos tan jóvenes

El razonamiento de que “los más jóvenes no tienen interés en la privacidad” porque suben sus fotos sin escrúpulo a Facebook es tan lábil como malintencionado.

En primer lugar, los chicos (y no pocos adultos) hacen esto precisamente porque quieren compartir parte de su privacidad. No se puede compartir algo que no se tiene, así que el razonamiento antes mencionado naufraga sin remedio. Es justamente porque los chicos son conscientes de la privacidad que suben fotos personales. Es más, la tienen exacerbada, porque están transitando de la niñez, donde casi no se nos reconoce este derecho, a la adultez, donde se vuelve fundamental.

En segundo lugar ( reductio ad absurdum ), supongamos que los jóvenes han perdido el sentido de la privacidad, ¿desde cuándo la civilización consulta las costumbres de los menores de edad para decidir sobre los derechos civiles y el porvenir de la sociedad?

En tercer lugar, por favor, suspendamos esta moda de sacar conclusiones apresuradas sobre los adolescentes. Tengo la impresión (porque lo viví, sólo que hace 35 años) de que son mucho más puros, responsables y valiosos de lo que se dice. Si no es así, tenemos problemas bastante más graves que la privacidad, el calentamiento global y el partido de mañana contra Alemania.

En todo caso, la seguidilla de tropiezos lógicos que acabo de revelar no es casual. Busca que volvamos a ser adolescentes despreocupados, nos olvidemos de esta tontería antediluviana de la privacidad y soltemos uno de los trofeos que más tiempo nos ha costado conquistar: la protección de nuestros datos más íntimos, el espacio propio y de la familia, nuestro anonimato. ¿Para vendernos algo? Oh, no. Eso no sería tan malo. Después de todo, en la panadería del barrio saben desde hace 42 años que no me gusta el pan demasiado cocido.

El motivo es otro. Hoy tenemos más herramientas técnicas que en ninguna otra época para proteger la privacidad. Sí, claro, las tecnologías digitales invaden ese espacio por innumerables frentes. Pero como ocurre en general con los derechos, solemos ceder un poco a cambio de alguna otra ventaja que consideramos de valor. Londres está repleta de cámaras de seguridad, pero los ciudadanos ceden parte de su anonimato a cambio de sentirse más seguros. La tarjeta de crédito, la telefónica, el proveedor de Internet y Google saben muchas cosas de nosotros, pero en todos los casos nos llevamos algo a cambio. Además, su nivel de control es ínfimo comparado con el dominio que obscenamente ostentaron reyes, tiranos, emperadores y señores feudales.

Centrar el conflicto de la privacidad en la zona comercial es peligroso; desvía la mirada del verdadero problema. ¿Cuál? Que la privacidad es un triunfo de la libertad frente a los poderes omnímodos. Es una de las fibras que tejen un mundo mejor para nuestros hijos y nietos.

La tecnología nos ha ayudado una y otra vez en esta conquista, y en gran medida es responsable de que disfrutemos de algunos derechos que durante gran parte de la historia humana ni siquiera se imaginaron.

Es verdad que los autócratas han intentado aprovechar los mismos avances para controlar qué hacemos y qué pensamos, pero siempre terminan a la zaga. Sus propias manías de control los vuelven lentos, torpes, burocráticos dinosaurios en un mundo que cambia con las horas.

La única forma de volver a los buenos viejos tiempos de la Edad Media es que renunciemos graciosamente a este derecho civil que ha tallado algunas de las mejores obras de la civilización.

No creo que eso vaya a ocurrir. Pero depende de nosotros.

Read Full Post »

Seguir

Recibe cada nueva publicación en tu buzón de correo electrónico.

Únete a otros 96 seguidores