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Las despedidas a Steve Jobs que vemos en la prensa despiertan emociones diversas, que se reflejan en los títulos de los artículos: los elogios de “El hombre que vió el futuro” en Página/12, o en “El hombre que cambió el mundo” de la revista Debate, hasta el ácido comentario de Richard Stallman en Página /12.

En cuanto a documentos, en el artículo de la Nación “Murió Steve Jobs” está el legendario comercial de Apple de 1984 (imperdible), y en mi artículo tenemos el texto traducido y el video del “Discurso de Steve Jobs en la Universidad de Stanford“.

Por último, encontramos otras miradas en “Adios al creador del chip power” en Miradas a Sur, en La Nación “Por qué Steve Jobs fue uno de los CEO del siglo” y en Página/12 “Cinco motivos para recordar a Steve Jobs“.

Después de tantos elogios, contrasta descubrir su lado oscuro leyendo “El último gran tirano, el otro lado de Steve Jobs” en La Nación y “El lado oscuro de la manzana” en Página/12.

Dejo planteadas dos preguntas para el debate:

  1. Steve comenzó con su primer proyecto en el garage de la casa de sus padres. Podemos interpretar que sólo se trata de un caso de jóvenes geniales, o que en realidad esto fue posible porque las empresas no lo hicieron porque son incapaces de afrontar la creatividad tecnológica debido a su propios principios organizativos.
    ¿Es una historia de éxito o de fracaso?
  2. Steve no obtuvo un título universitario. Podemos preguntarnos si las universidades son capaces de formar personas creativas e idóneas para afrontar tecnologías que cambian vertiginosamente, o si simplemente se ocupan de la producción en masa de graduados a los que se les “transfiere” conocimiento explícito y formal.
    ¿No tener título universitario puede haber favorecido a Steve Jobs?