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Fuente: La Nación (Ariel Torres)
Las preguntas simples son las más difíciles de responder. Si te desafían con algo como “¿cuál es el sentido de la vida?”, bueno, podés citar a un montón de gente y divagar un rato. Pero cuando te consultan: “¿Qué me compro, notebook, PC, netbook o tablet?”, eso sí que te pone en aprietos. No obstante, he tenido bastante tiempo de meditarlo. Es de lo que más me han preguntado últimamente.

La respuesta parece engañosamente sencilla y uno tiende a pensar que todo se reduce a un tema de movilidad. Lejos de eso. La única de estas tres que queda afuera en este aspecto es la PC, y ya sabemos que una computadora personal de 11 kilos en el estudio del primer piso puede usarse desde una notebook en el jardín por medio de la red, y desde fuera de la casa, vía Internet.

No obstante, es cierto, podemos decir con bastante justicia que la PC es cero portátil, no sólo para quien tiene que responder mails desde el aeropuerto, no sólo para el que lo hace desde el taxi que lo está llevando al aeropuerto, sino para quien, llevando el concepto de trabajador móvil al mero extremo, envía mensajes mientras aguarda el taxi, de pie en la vereda. Varios se están sintiendo identificados con esto, ¿no? Sí, y una persona en particular sabe que me inspiré en ella para pintar tal retrato.

Pero la portabilidad no es la única variable. Si fuera así, las tablets se llevarían todas las palmas móviles y la PC sería la campeona para todo lo demás. Las notebook y netbooks ya no existirían, y asunto terminado. Como se sabe, la verdad es bien diferente: las tablets están explotando, el mediodía de la netbook se está eclipsando y las PC pasan por su peor momento, comparadas con los otros tres formatos.

Analicemos, pues.

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