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Ocurrió el 6 de mayo, a sus 92 años. Me resulta imposible poner en palabras el valor del aporte de este intelectual excepcional, que elaboró una comprensión extraordinaria, clara y a la vez profunda, acerca de cómo somos los seres humanos. Pero fue más allá, porque también fue un gran maestro en orientarnos a superar dilemas que nos entorpecen, para facilitar el vivir en armonía con nuestra propia naturaleza. Por ejemplo, el concepto de que la sana competencia no existe, simplemente porque competir no es sano, o también su declaración “No es cierto que los seres humanos somos racionales por excelencia. Somos, como mamíferos, seres emocionales que usamos la razón para justificar u ocultar las emociones en las cuales se dan nuestras acciones.” 

En una nota de Infobae se afirma que Maturana “encontró en la ciencia un modo de ahondar en el alma humana” e “insistió siempre en la importancia de la colaboración, de escuchar al otro y del amor”. 

Comencé a conocer su obra cuando, inmerso por primera vez en la coordinación de una comunidad de práctica, buscaba aportes conceptuales para promover eficazmente el aprendizaje colaborativo, en el Foro de Informáticos del Estado en Argentina. Su contribución resultó muy valiosa en la medida en que me ayudó a incorporar en mis acciones destrezas emocionales que tenía dormidas. Gracias a su inspiración, encontré en las interacciones sociales la fuente principal de nuevos conocimientos, y en consecuencia, a reconocer el conocimiento inmerso en toda práctica social. No fue casualidad, él hablaba de la posibilidad de tener otra vida, eligiendo entre opciones propias que podemos generar si nos abrimos a lo que nos va surgiendo, en lugar de escoger entre alternativas ajenas. 

En aquel entonces descubrí un valioso video, una entrevista de Christian Warnken en el programa “La belleza de pensar” de la televisión chilena. Allí y en menos de una hora, se explaya sobre cómo somos los seres humanos, de una manera profunda, pero también fácil de aplicar en la práctica cotidiana. Para mí fue descubrir un mundo nuevo de posibilidades y recursos.

Unos 10 años más tarde, en noviembre de 2013, otro video registra a los mismos protagonistas en el programa televisivo “Una belleza nueva”. Allí Maturana menciona, entre otras cosas, su trabajo con Ximena Dávila en el libro “El árbol del vivir”, sobre la dinámica relacional entre la biología del conocer y la biología del amar, afirmando que ambas van juntas.

Hoy nos despedimos de Humberto Maturana, biólogo, filósofo y brillante intelectual, pero sobre todo un gran inspirador y motivador que, a partir de la ciencia, logró construir una nueva comprensión sobre lo que significa ser humano y sobre lo que podemos hacer para transformar al mundo y a nosotros mismos.

Me siento agradecido de su legado, y propongo seguir apropiándonos de él.