Por primera vez en la historia es imposible controlar lo que se dice

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Un punto de vista imprescindible para un desastroso proyecto de ley.
Ricardo

Fuente: Ariel Torres en La Nación

 

¿Debe aspirar una sociedad organizada a erradicar los actos discriminatorios? Por supuesto que sí. Es la intención de la ley 23.592 de 1988. ¿Debe aspirar una sociedad a erradicar todo discurso discriminatorio? Oh, bueno, eso es algo completamente distinto. Como desiderátum, suena bien. Sería genial que nunca nadie descalifique, insulte o ataque, con pretextos racistas o de otra índole. Es, también, poco realista, y me preocupa sobremanera que en la búsqueda de ese paraíso sin palabrotas ni agravios se termine legislando no sólo sobre la discriminación, sino también sobre el discurso.

Legislar lo que se puede o no se puede decir, fuera de los estrictos límites establecidos el 10 de diciembre de 1948 en el Palais de Chaillot y en los códigos penales de las naciones democráticas, es coartar la libertad de expresión. Esos límites excluyen -en breve y para que nadie piense que hay que graduarse en Harvard para entenderlo- todo discurso que incite a la violencia, la guerra o el genocidio, así como la apología del odio y la pornografía infantil. El Código Penal contempla también la apología del delito y la intimidación pública como restricciones a la libertad de expresión.

Todos los demás discursos, aunque sean ofensivos, aunque nos subleven, están protegidos por la garantía constitucional de la libertad de expresión.

Éste es, a mi juicio, el principal error que subyace en el proyecto de una ley nacional contra la discriminación aprobado por Comisión de Derechos Humanos y Garantías de la Cámara de Diputados. Confunde discurso con acto, y no sólo no son lo mismo, sino que el ponerlos en un nivel equivalente crea condiciones necesarias y suficientes para la censura previa y la autocensura. El proyecto tiene varias otras falencias, explicadas en este documento de la Asociación por los Derechos Civiles, de la que no puede sensatamente sospecharse una intención segregacionista.

Pero lo más serio es que equipara palabra con acto. Lo interesante es que la censura previa y la autocensura son en sí mismas actos de discriminación. La censura previa no nos excluye por nuestro color de piel, orientación sexual o credo, sino por nuestras ideas y opiniones, y lo hace con tanto rigor que al final aprendemos solitos lo que se puede y lo que no se puede decir; eso es la autocensura, un tipo de prejuicio que nos aplicamos voluntariamente, por miedo. Es atroz.

Lo he dicho a menudo: las expresiones discriminatorias me parecen repugnantes, incluso cuando provienen de un ciego algoritmo de inteligencia artificial. Pero reprimir el discurso es reprimir lo que nos hace humanos. Somos la única especie en este planeta que habla y, por lo tanto, la única que opina y tiene ideas. La libertad de expresión es la madre de todas las demás libertades, porque es la que nos permite pensar las otras libertades, y reclamarlas. Sin la capacidad del habla no hubiéramos podido deliberar ni componer la Declaración Universal de los Derechos Humanos ni todos los demás tratados que se suscribieron luego a este respecto. Si los derechos humanos constituyeran un edificio, la libertad de expresión conformaría sus cimientos; es la garantía de todas las demás garantías.

Por eso, lo primero que hacen los gobiernos autoritarios es vigilar y castigar lo que se dice. El paso inicial es arrasar con el disenso, provenga de los partidos opositores, la prensa o los ciudadanos. Basta meditarlo un poco: es como mínimo inverosímil que una dictadura coarte la libertad de reunión y de movimiento, que suprima el derecho a un juicio justo y que confisque arbitrariamente la propiedad privada, pero que, a la vez, permita una total libertad de expresión. Para someter primero es menester acallar.

Eso no se dice

Eduardo Bertoni, que fue Relator Especial para la libertad de expresión de la OEA y hoy dirige el Centro de Estudios en Libertad de Expresión y Acceso a la Información de la Universidad de Palermo, ha criticado en un artículo la vaguedad de los criterios expuestos en este proyecto de ley. Lo mismo hizo Beatriz Busaniche, de la Fundación Vía Libre, aquí:“Casi cualquier comentario que pueda ofender a una persona está contemplado en la norma”, escribe Busaniche.

El inciso b) del artículo 5° del proyecto de la ley nacional contra la discriminación es particularmente difícil de desentrañar, porque, a primera vista, alienta un concepto loable, como es el de condenar los insultos, humillaciones, discriminaciones y valores (entre otras formas verbales y no verbales de expresión, como los íconos) “que propicien la exclusión o la segregación en razón de pretextos discriminatorios”.

Pero hay un traspié lógico aquí. Es evidente que propiciar, naturalizar, transmitir y reproducir la segregación arbitraria es algo condenable. El problema es que propiciar, naturalizar, transmitir y reproducir es lo que hacemos al expresar opiniones e ideas.

Uno expresa una idea porque cree en ella, y como cree en ella desea propiciarla; es algo intrínseco, inseparable de la expresión de ideas y opiniones. Por lo tanto, si se condena el transmitir, naturalizar, transmitir y propiciar, se condena la expresión de ideas y opiniones. Cuando se trata de ideas abominables, como el racismo y cualquier forma de discriminación arbitraria, es menester ser muy meticuloso al delinear lo que constituye delito, porque es fácil, si no, que el bisturí termine lesionando la libertad de expresión.

Este documento de la Relatoría Especial para la libertad de expresión de la OEA es muy claro al respecto. También la ley 23.592 es más específica y establece que se reprimirá a quienes participen de “una organización o realizaren propaganda basados en ideas o teorías de superioridad de una raza o de un grupo de personas de determinada religión, origen étnico o color, que tengan por objeto la justificación o promoción de la discriminación racial o religiosa en cualquier forma”, y que en igual pena “incurrirán quienes por cualquier medio alentaren o iniciaren a la persecución o el odio contra una persona o grupos de personas a causa de su raza, religión, nacionalidad o ideas políticas”. O sea, una cosa es expresar una idea execrable y otra muy diferente el conducir una campaña para imponer esa idea. Una cosa es opinar como un troglodita (dicho esto con todo respeto) y otra muy diferente realizar propaganda. Y como la ley dice “por cualquier medio” un juez puede fácilmente interpretar que Internet está incluida.

A priori, garantizar la expresión de ideas y opiniones no admite matices. Si los admitiera equivaldría a decir que los que opinan de cierto modo no merecen dicha garantía, lo que es a su vez discriminatorio (e inconstitucional). Y antes de que me lo pregunten, si en Alemania y Francia está prohibido exhibir símbolos nazis no es sólo por las ideas que representan, sino también por las atrocidades cometidas por el Tercer Reich en ese continente. En Estados Unidos, que perdió más de 419.000 ciudadanos en la Segunda Guerra Mundial, la exhibición de tales símbolos, a pesar de que representan algo aborrecible, está protegida por la Primera Enmienda de su Constitución, es decir, la que garantiza, entre otras, la libertad de expresión.

El artículo 14 de nuestra Constitución protege la libertad de los ciudadanos de publicar sus ideas sin censura previa; no dice nada acerca de cómo deben ser esas ideas. El artículo 19 del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, al que la Argentina adhiere, empieza diciendo: “Nadie podrá ser molestado a causa de sus opiniones”.

No es imposible que los legisladores tengan la esperanza de que, suprimiendo toda expresión discriminatoria se erradicarán de la sociedad la exclusión, la segregación y la desigualdad. Pero, incluso dejando de lado la perturbadora idea de que el Estado pretenda eliminar un tipo específico de discurso, lo que podría ocurrir es exactamente lo opuesto. El sujeto discriminador es, en esencia, un ignorante. Hay que educarlo, no reprimir su discurso, por muy deleznable que sea, porque cuanto más se presiona al ignorante, más se abroquela. O sea que no se resuelve el problema de fondo.

No porque sí la Asociación por los Derechos Civiles pone énfasis, en el artículo mencionado antes, en que la lógica punitiva de la ley 23.592 no ha conseguido en más de 20 años reducir las expresiones discriminatorias en nuestra sociedad, por lo que el nuevo proyecto debería haber explorado otras opciones. Coincido. La discriminación es un fenómeno complejo, insidioso y de muchas dimensiones como para pretender cortarlo de un hachazo.

Comentarios sin fronteras

Bueno, ¿pero qué va a pasar con los comentarios en Internet, ámbito que este proyecto de ley también intenta regular? La verdad, no me preocuparía mucho por eso. Los comentarios se mudarán a sitios hospedados en otros países, si opinar se convierte en riesgoso en la Argentina. Si la ley se aprueba y los sitios locales se ven obligados a eliminar comentarios, se abrirán blogs para volcar los comentarios borrados; un clásico de la Red. Es poco probable que Twitter y Facebook vayan a cambiar sus términos y condiciones debido a esta ley, así que algún juez podría ordenar bloquear sus números IP. Más allá de que intentar bloquear algo en Internet es como tapar el sol con las manos, será interesante ver cómo reaccionan los usuarios al descubrir que no pueden volver a usar ni Twitter ni Facebook desde nuestro país.

Una de las metodologías que adopta el proyecto es la de responsabilizar a los intermediarios sobre los comentarios que se publican en un sitio. Esto es perjudicial por varios motivos.

Uno de los más importantes es que coloca en manos de privados las decisiones sobre la libertad de expresión; como ningún empresario quiere juicios, se impondrá una censura sistemática. Peor todavía, algunas compañías pueden decidir delegar esta evaluación a algoritmos de inteligencia artificial, obteniendo el efecto opuesto, porque las máquinas se llevan muy mal, por ejemplo, con el sarcasmo, y podrían interpretar como discriminatorio un mensaje en contra de la discriminación.

El otro motivo es el interés público, un aspecto que este proyecto de ley no contempla, como me explicaba ayer Eduardo Bertoni. Por ejemplo, ¿sería beneficioso para la sociedad eliminar los comentarios racistas de un candidato a presidente, como los propalados hace poco por Donald Trump? Difícilmente. Y, ahora que lo pienso, si por un instante suponemos que suprimir el discurso discriminador no necesariamente va a suprimir la ideología discriminadora, entonces estaremos sólo barriendo esta patología social debajo de la alfombra. No parece buena idea.

Entonces, ¿por qué creo que no hay mucho de qué preocuparse? Por la escala de Internet, que claramente no ha sido tomada en consideración. A cada minuto se publican más de 342.000 mensajes en Twitter y unos 4 millones en Facebook, sin contar más de 3 millones de “Me Gusta”. Cada 12 segundos se suben 24 horas de video a YouTube, y a cada segundo circulan por Internet 22 billones de bytes de datos. En un día normal, la Red ve pasar casi 2 trillones de bytes de información; eso es 13 veces más que la cantidad de segundos que han transcurrido desde que nació el planeta Tierra. Y se supone que los sitios deben moderar eso y hacerse responsables de que alguien diga una burrada.

Lo diré simple: no funciona así. Internet no está cambiando la historia de la civilización porque ahora podemos comprar las entradas para el cine en la Web o porque mensajeamos a cualquier lugar del mundo usando WhatsApp. Internet está cambiando la historia de la civilización porque por primera vez ha dejado de ser posible controlar lo que las personas expresan. Lo intentan de vez en cuando, aquí y allá, pero cada día se vuelve más ingobernable. Como todavía somos una especie joven e inmadura, eso incluye a la escoria que discrimina, insulta y descalifica. Pero creo que es un costo insignificante comparado con el mundo que acabamos de dejar atrás, ese en el que sólo unos pocos privilegiados podían expresarse públicamente mientras todos los demás, vaya, éramos discriminados.

6 alternativas donde buscar cuando Google no es suficiente

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Fuente: La Nación

Las consultas on line no terminan en el servicio creado por Larry Page y Sergei Brin, y los usuarios de Internet pueden contar con diversas plataformas específicas para localizar publicaciones en redes sociales o para rastrear el pasado de un sitio web.

Si el refranero popular no ha caído totalmente en desuso, un dicho nuevo podría ser “Si no está en Google, no existe”.

Pero, ¿es cierta esta afirmación? ¿Se puede hacer algo cuando no encuentras lo que buscas en Google?

El gigante creado por los estadounidenses Larry Page y Sergei Brin hace casi 20 años indexa más de un billón de páginas web. Pero el problema puede no ser tanto que lo que buscas no esté ahí, sino que lo encuentres.

Por tanto, a veces podemos necesitar buscadores especiales, que no son tan conocidos pero pueden ser realmente útiles.

BUSCADOR DE INFORMACIÓN CIENTÍFICA

Uno de los grandes problemas de la red es separar el grano de la paja.

A veces puedes estar interesado en encontrar información especializada o científica, que te asegure una veracidad y al teclear en Google puedes navegar durante horas entre páginas de economistas, chamanes, biólogos y cuñados que se mezclan en alegre combinación.

Una forma de encontrar estudios serios sobre materias académicas es navegar en portales que recopilan a modo de repositorios este tipo de información especializada procedente de investigadores de universidades e instituciones reputadas.

Así, si estás interesado en las Ciencias Sociales, puedes buscar estudios de economía, derecho, humanidades, etc., en el portal Social Science Research Network, situado cada año entre los mejores del Ranking Web of World Repositoires.

Si son las ciencias naturales lo que te interesan, los estudios de más calidad se pueden encontrar, por ejemplo, en scienceresearch.com que utiliza una “tecnología de búsqueda federada” dentro de la Internet Profunda para ofrecer resultados de calidad en tiempo real, según promete en su web.

También se puede encontrar información especializada en las investigaciones de Latinoamérica en la Red de Repositorios Latinoamericanos que coordina la Universidad de Chile.

BUSCADOR DE TUITS

Las redes sociales son ya un elemento clave de Internet. Los estudios muestran que cada vez consumen más parte del tiempo que pasamos conectados a Internet. Millones de mensajes fluyen en todas direcciones cada día.

Un buen ejemplo es Twitter. Según sus datos, se envían unos 500 millones de tuits diarios. Sin embargo, tratar de buscar estos mensajes puede producir un fuerte dolor de cabeza.

Quien promete resolver este hándicap es Topsy, un buscador que permite localizar tuits desde el año 2006 en adelante.

Puedes buscar tuits de un tema específico, de un usuario en particular, incluir palabras claves, etc.

Su versión básica es gratuita.

BUSCADOR DE FOTOS LIBRES DE DERECHOS

En Google hay millones de fotos. Grandes, pequeñas, bonitas, feas, de dudoso gusto y de las temáticas más variadas.

El problema es que si necesitas fotografías para un blog personal o para una presentación de empresa o para un trabajo universitario, puedes no ser tan fácil encontrar fotografías libres de derechos de autor, que no hagan que infrinjas la ley o qué puedan costarte un dineral.

Para buscar fotos libres de derechos es muy útil el buscador de creativecommons.org que rastrea imágenes con este tipo de licencias gratuitas de organizaciones independientes.

Y no sólo eso, también ofrece la posibilidad de buscar música, vídeos y textos de similares condiciones.

BUSCAR PRIVACIDAD

Una de las grandes polémicas que envuelven a Google es la privacidad. Qué hace con la información que dejamos en nuestras búsquedas o en las cuentas de correo de su servicio Gmail.

Si buscas marcas de zapatos te aparecerán anuncios de esto por doquier, y sobre lo que escribes en tus emails. lo mejor es dejar hablar a la propia compañía:
“Las personas que utilizan el correo electrónico hoy en día no deben sorprenderse si sus correos electrónicos son procesados por el proveedor de correo electrónico en el curso de la entrega”, reconoció la compañía en un juicio por una demanda de espionaje a internautas en EE.UU.

Una alternativa para navegar con confidencialidad es el motor de búsqueda duckduckgo.com, quien asegura que no registra la información del usuario.
Creado en 2011 por el científico Gabriel Weinberg, la empresa sostiene que cifra la transmisión de datos y que no usa cookies para recolectar información sobre la ubicación del usuario. Y no revela las búsquedas, sostiene.

BUSCAR EN EL PASADO

Otro problema a la hora de buscar en Internet es que a veces vas a buscar algo que encontraste una vez y cuando vuelves. ¡fue borrado!
Para resolver eso existe el buscador Waybackmachine, que en realidad es un archivo de Internet que te ofrece esos contenidos que han desaparecido. Lo lleva haciendo desde 1996 y en ese tiempo ha archivado más de 40.000 millones de páginas.

Con este buscador uno puede navegar hacia el pasado y ver cómo se veía -y qué decía- un sitio web determinado, en un momento específico de la historia. Para ello basta poner el nombre de la página de interés y luego elegir los archivos disponibles en un calendario que identifica los momentos en que se hizo una copia de la misma para la posteridad.

¡QUE NO TE CUELEN FOTOS FALSAS!

Por lo general, buscamos fotografías escribiendo unas palabras clave que nos muestran fotos relacionadas. Pero, ¿y si necesitamos saber si una foto ha aparecido publicada antes o no?

Para ello tenemos Tin Eye, una buscador que promete esta búsqueda a la inversa de forma gratuita: subes una foto o el link de una foto, y te dice dónde encontrarla o si ha aparecido antes (incluso con modificaciones) gracias a una tecnología de reconocimiento digital.

Los motivos para querer hacer algo así pueden ser variados: si eres fotógrafo, puedes querer comprobar que no usen tus fotografías sin tu permiso; y si eres un lector de prensa crítico, seguramente puedas comprobar que ningún medio de comunicación te muestre una foto de algo que en realidad ha sucedido en otro tiempo (queremos pensar que por error).

¿Se acuerdan de la foto de Bin Laden muerto?
En 2011 una agencia publicó una fotografía en la que aparecía el supuesto sangrante cadáver del fundador de Al Qaeda, y numerosos medios mostraron la misma foto. Finalmente se demostró que era un montaje, que la foto fue publicada un año antes, que era de otra persona en otra zona de conflicto. Si hubieran utilizado Tin Eye, quizá no hubieran cometido ese error.

Aprendizaje en 360º

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Fuente: Aprender3C

Webinar: Aprendizaje en 360º por el Dr. Cristóbal Cobo en Aprender3C
Fecha: 12 de mayo de 2015
Horarios: 17.30hs Bogotá, Lima y México DF / 18hs Caracas / 18.30hs Asunción, La Habana, La Paz y Santiago / 19.30hs Buenos Aires y Montevideo / 00.30hs (día siguiente) Barcelona.
Si el lugar donde vives utiliza un horario distinto, consulta tu hora en time.is.

Presentación:
El aprendizaje es un acto social. Aprender con otros es algo que hacemos desde siempre. Sin embargo, hoy es especialmente relevante desarrollar conocimientos y habilidades que nos posibiliten la colaboración con otros. En un mundo en red, ya no basta con estar conectados con otros sino que también es fundamental aprender a colaborar a diferentes niveles, contextos e intensidades.
Cristóbal Cobo (Ph.D) es el Director Centro de Estudios – Fundación Ceibal e Investigador Asociado del Instituto de Internet de la Universidad de Oxford. Desde ahí colabora en diferentes investigaciones financiados por la Comunidad Europea sobre la ciencia del internet, prácticas de acceso abierto en la educación, creación distribuida del conocimiento y el futuro de las tecnologías y sus impactos.

Nota: Para ver la presentación (en vivo o posteriormente), ingresar a Aprender3C

La totalidad del espacio social se transformó en espacio de exhibición

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Un aporte necesario para analizar cómo impacta hoy en día la tecnología en nuestras vidas.

Fuente: La Nación

“Internet es un gran tacho de basura, todo lo que allí se mete tiende a desaparecer.” Boris Groys sonríe; se diría que disfruta el toque de provocación. En el mismo tono, confirma: “El único tipo de relación que uno puede establecer con Internet es una relación narcisista”.

Crítico de arte, teórico de los medios y dueño de un recorrido que va de la Universidad de Leningrado, bajo el régimen soviético, a la Universidad de Nueva York en la actualidad, desarrolla un pensamiento que tiende a desmarcarse del discurso habitual y se pregunta por lo que significa vivir en un mundo donde “la totalidad del espacio social se transformó en espacio de exhibición”.

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El Simposio Argentino sobre Tecnología y Sociedad de las JAIIO invita a presentar trabajos

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La Sociedad Argentina de Informática (SADIO) organiza este año las 44º Jornadas Argentinas de Informática (JAIIO) en la ciudad de Rosario.

El Simposio Argentino sobre Tecnología y Sociedad se propone el abordaje de problemáticas y prácticas socio-técnicas que emergen impulsadas por el rápido avance de las tecnologías de la información y la comunicación, y promueven temas de vital importancia para la sociedad en general.

Se espera que este Simposio continúe el trabajo iniciado en 2014, y se fortalezca como espacio de intercambio de conocimiento para la creciente comunidad de actores e interesados en estas temáticas, integrando y ampliando las desarrolladas hasta el año 2013 por los Simposios JSL (Jornadas Argentinas de Software Libre) y SSI (Simposio Argentino sobre Sociedad de la Información).

Las pautas generales de este Simposio son:

 1) enfoque interdisciplinario para abarcar los aspectos tecnológicos y sociales de las temáticas y sus interrelaciones,

 2) puesta en valor de los trabajos que diversos actores individuales y grupales desarrollan acerca de la relación tecnología-sociedad, de las comunidades tecnológicas, y de las políticas públicas asociadas,

 3) puesta en valor de modalidades organizativas aplicables al desarrollo de espacios socio-tecnológicos (redes, comunidades de práctica, etc.).

Para más información, se sugiere consultar la página del Simposio STS.

Ubuntu MATE ya es un “sabor” oficial de Ubuntu

Fuente: Desde Linux

¿Qué es MATE?

MATE es un ambiente de escritorio derivado del código base de GNOME 2. De hecho, es considerado la continuación de GNOME 2, luego de la aparición de GNOME 3, que introdujo cambios radicales en la interfaz de usuario tradicional. El nombre proviene de la yerba mate, una especie de acebo, una planta nativa de Sudamérica subtropical (sobre todo en Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay) que se utiliza para preparar una bebida muy popular y energizante llamada mate.

Actualmente, es uno de los ambientes de escritorio por defecto despachados con las últimas versiones de Linux Mint. MATE también está disponible en los repositorios oficiales de varias distribuciones de Linux, incluyendo Arch Linux, Debian, Mageia, Gentoo, Fedora, Ubuntu, y openSUSE.

Ubuntu + MATE

El escritorio es uno de los principales elementos que participan en la apariencia de Ubuntu, y también uno de los que más da que hablar a la hora de elegir el “sabor” adecuado del sistema operativo. El escritorio Mate comenzó su desarrollo cuando en Ubuntu 11.04 Canonical sustituyó la clásica apariencia de GNOME, por la actual Unity generando multitud de discusiones y quejas en la comunidad. Ubuntu Mate pretende imitar la antigua apariencia de GNOME 2 a la vez que se mantiene ligero para ofrecer la mejor experiencia posible en todo tipo de equipos, especialmente en los menos potentes. La tarea no fue fácil, sobre todo al comienzo, ya que hubo varios problemas de compatibilidad con los paquetes de Ubuntu. Ahora, gracias a los avances conseguidos, llega la noticia de que pasará a formar parte oficialmente de la familia de Ubuntu.

La movida para que Ubuntu MATE se convierta en una distribución oficial derivada de Ubuntu se viene llevando a cabo desde hace algún tiempo. El equipo de Ubuntu MATE anunció la aprobación de MATE junto con el lanzamiento de su primera beta en el ciclo de desarrollo de Ubuntu 15.04. De esta forma, Ubuntu MATE es ahora un “sabor” oficial de Ubuntu, uniéndose a otras como Xubuntu, Kubuntu y Ubuntu Kylin.

¿Qué implica ser un “sabor” oficial de Ubuntu?

Los cambios tendrán lugar más bien detrás de escena y el usuario final posiblemente no vea demasiados cambios. No obstante, el equipo de Ubuntu MATE ahora tendrá acceso a la gran infraestructura de Canonical para la construcción, prueba y distribución de paquetes, incluyendo la creación de imágenes (ISO) diarias. Además, la medida podría ofrecer algo de promoción extra y una mayor cobertura de los medios de comunicación, lo cual siempre es bienvenido.

Ubuntu MATE 14.04 LTS y 14.10 permanecerán como versiones “no oficiales”, a pesar de la aprobación.

¿Usan MATE? ¿Qué opinan de este entorno de escritorio? ¿Piensan que esto es una buena noticia que va a favorecer el desarrollo de MATE?

Ver artículo original en Desde Linux

MEGAsync para Linux

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A las buenas ofertas de almacenamiento en la nube (con sincronización en disco local para Linux y Windows) de Dropbox (2,5 Gb) y Copy (15 Gb), se ha sumado recientemente Megasync (50Gb).

Es Oficial, MEGAsync para Linux
Fuente: Muy Linux

El lunes de la semana pasada arrancamos con la noticia de MEGAsync para Linux, pero se trataba de una filtración y os pedimos precaución al respecto, por si acaso: ¿era una alfa; una beta; existía el riesgo de pérdida de datos? Los interrogantes se han desvelada, pues el esperado anuncio oficial se dio este sábado.

MEGAsync para Linux ofrece la misma funcionalidad que sus ya populares versiones hermanas para Windows y OS X, permitiendo finalmente a la comunidad Linux sacar el máximo provecho de la potente plataforma de almacenamiento en nube cifrada de extremo a extremo de Mega.

Todas las distribuciones principales (Debian, Fedora, openSUSE y Ubuntu) están soportadas en x86 y amd64. Otras, como Arch Linux, están reportadas como compatibles [Ndr. MEGAsync ya está en AUR].

MEGAsync para Linux viene con integración opcional con el gestor de archivos Nautilus. Además, nuestro objetivo es apoyar a más distribuciones y arquitecturas y desarrollar extensiones para administradores de archivos alternativos.

MEGA ofrece actualmente un kit de desarrollo multiplataforma y tenemos planes de lanzar el código fuente para MEGAsync bajo una licencia de código abierto.

¿Por qué esta es una gran noticia? Porque a pesar de las alternativas existentes, ninguna ofrece todo lo que Mega:

  • 50 GB de espacio gratis.
  • Planes de pago por ampliación que, sin ser los más económicos, son competitivos, desde 500 GB por 100 euros al año.
  • Multiplataforma, con versiones para Windows, OS X, Linux, iOS, Android, BlackBerry y soporte para Firefox y Chrome.
  • Intenciones de abrir el código del cliente de escritorio y seguir desarrollando integración con los diferentes escritorios.
  • Servidores de altísima velocidad radicados en Nueva Zelanda.
  • Seguridad por cifrado en el lado del cliente, esto es, solo el poseedor de la contraseña puede acceder a los datos (y si pierdes la contraseña, pierdes los datos, porque no pueden generar una nueva para ti en Mega).

¿Privacidad? Mega se denomina a sí misma como The Privacy Company, sin embargo, es un tema más delicado. En un principio, En Mega no pueden acceder a los datos de sus usuarios, pero sí podrían identificarlos. Mañana publicaremos un artículo práctico para comenzar con Mega con todas las garantías.

Mientras tanto, os lo decimos claro: Mega se posiciona como la solución en la nube más aconsejable en GNU/Linux, muy por encima de Dropbox, Box y aplicaciones extraoficiales de Google Drive por una mayor seguridad, privacidad y espacio gratuito; pero también por encima de SpiderOak y Wuala en cuanto a espacio y accesibilidad. También para los forzosamente desterrados de Ubuntu One, así que podéis cambiar la recomendación que os dimos en su momento por esta otra.

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